Hace ya muchos años, el 20 de febrero de 1986, salió a la luz un documento de la Conferencia Episcopal Española, cuyo tema central era la paz, se llamaba: “Constructores de la Paz”. Los Obispos señalaron unas dificultades en nuestra sociedad que necesitaban tenerse en cuenta, que superadas o solucionadas, sería posible la paz. El texto dice así: “Entre nosotros la injusticia, las tensiones, las ideologías intolerantes, la presencia misma de la violencia, tienen caracteres singulares y específicos. Enumeramos únicamente los que constituyen las mayores dificultades para construir sólidamente una convivencia pacífica y estable: la injusticia social que mantiene en la pobreza a varios millones de españoles; el paro que en vez de disminuir alcanza cifras intolerables; las ideologías totalitarias y agresivas sostenidas por grupos minoritarios; la dificultad de armonizar los derechos e intereses de las diversas nacionalidades y autonomías con las justas exigencias del bien común; la pérdida de ideales y valores éticos socialmente compartidos, la persistencia del terrorismo inhumano y cruel” (n.19). Me pregunto si hemos hecho los deberes bien, porque los problemas y las dificultades parece que son las mismas, ¿acaso somos incapaces de poner las condiciones necesarias para la paz?
Es curioso que hace 23 años se lamentaban del daño que hace el vacío de sentido y de valores, -“Las grandes palabras como paz, justicia, solidaridad, quedan adulteradas y vacías de sentido. Perdidos en una sociedad donde se infringen habitualmente los criterios morales del respeto a la vida y de la convivencia, los hombres y las naciones sufren una crisis de verdad, de confianza y de sentido”(n. 20)- y todavía hoy se oyen los mismos lamentos. Precisamente hace dos días me decía un hombre que no podemos seguir dándole la espalda a los valores, que al estar acostumbrados a vivir demasiado bien la gente no se compromete a nada y no quieren que nadie les moleste y así vamos. Claro que si las cosas son así, ¡qué pena!, ¡incapaces de superar las dificultades de la convivencia, encerrados en nosotros mismos y, además, no queremos que nos molesten! El problema es muy grave y no está en el exterior, sino en el interior de cada uno, ¿será que nos estamos incapacitando para amar? y si eso es así, ¡qué pena más grande!...
Cristianos, Dios nos está llamando a ser constructores de la Paz, creed que esta es posible con su ayuda; que la paz está al alcance de nuestras manos, porque Jesucristo la ha traído, como un don de Dios para todos los hombres, es un regalo de Dios, Él mismo es fuente de paz y de reconciliación para todos los tiempos y para todos los pueblos. ¡Despertemos de nuestros sueños y trabajemos juntos! Leed el Mensaje para la Paz del año 2009, del Papa Benedicto XVI, que nos invita a ello, la paz es condición indispensable para superar el hambre y la pobreza y para una vida libre y digna.
No rechaces el esfuerzo necesario para tomar conciencia de la realidad, de la llamada que te hacen tus hermanos para ver que la reconciliación, la justicia y la paz entre los individuos y entre las naciones no son simplemente una llamada dirigida a unos cuantos idealistas, sino una necesidad para que no perdamos la condición humana. Cuanto más difíciles son los tiempos más abiertos los ojos para construir la paz. Buen año para todos, os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín