En la Navidad hemos visto la Palabra de Dios cumplida, el Mesías anunciado se ha hecho carne y habita entre nosotros, Dios mismo está en nuestro mundo, en casa, en el pueblo, en el barrio, en las ciudades, pero lo más grande es que Dios está dentro de nosotros y antes no lo sabíamos. El mismo Jesús nos abre los ojos para reconocer a Dios Padre, escuchar y valorar su Voluntad y caminar hacia la Vida Eterna, don de Dios. Queridos hermanos y amigos, ¡qué suerte tenemos de conocer a Dios! ¡Qué aventura es el seguimiento de Jesús y qué maravillas encierra! ¡Somos amados por Dios gratuitamente, a cambio de nada! La razón es que somos sus hijos por el Bautismo y este es otro gran regalo del Señor, ¡nos crea a imagen y semejanza suya y nos da la filiación divina!
El Catecismo habla sobre este misterio en el n.537: “Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su Bautismo, su Muerte y su Resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con Él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y vivir una nueva vida”. La vida cristiana es sencilla de vivir para los de corazón sencillo y humilde, se trata de escuchar la Palabra de Dios, su Voluntad, como Jesús, y ser fieles a ella todos los días, caminar por la senda del bien. Pero nos conocemos y sabemos que hay que estar en guardia, cada día algo tiene que morir dentro de nosotros y algo tiene que nacer. Cada día debemos ser menos egoístas, sensuales, vanidosos... y ser más como Nuestro Señor Jesucristo. Nuestro Señor no nos engaña cuando nos habla que para ser como Él hay que aprender a no despreciar la Cruz, que la Cruz es el verdadero rostro de Cristo, también es el verdadero rostro del cristiano. Por el bautismo Dios nos invita a cambiar, a seguir al Crucificado, a morir al pecado y a renacer a los valores cristianos.
No tengáis miedo, los que hemos sido bautizados hemos recibido el don del Espíritu Santo. Según la tradición del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, la comunicación del Espíritu significa la inspiración profética, por esto estamos todos implicados en la tarea evangelizadora, porque la persona que recibe el Espíritu está llamada por Dios para ser su mensajero (Eclo 48,24; Dn 13,45). ¡Qué pena da el ver a tantos, que se llaman cristianos y se dejan arrastrar por todo lo que les aleja de Dios: el materialismo, el relativismo, el consumismo...! Es todo lo opuesto de sus compromisos bautismales. Hoy has de ser fuerte en la fe y decir: Yo renuncio a Satanás que me ha tenido engañado, que me cerró los ojos al amor y me los abrió al egoísmo; renuncio a Satanás, que me oscureció la Luz que me regaló mi Padre Dios y me metió en el vicio, en la oscuridad de las inseguridades, ambientes de violencia…; renuncio a quién me dice que mi dios es el dinero, el poder, los juegos, la sensualidad, la bebida, el escepticismo creciente o en el criticismo irresponsable … y los vuelvo a Jesucristo que ha mantenido abierta la puerta de su misericordia; los vuelvo hacia Jesucristo que su amor por mí le ha llevado a la Cruz; los vuelvo a Jesucristo crucificado que me enseña el camino de la Verdad y la Vida; los vuelvo a Jesucristo, cuyo nacimiento nos aumenta la esperanza, la auténtica fraternidad, la verdadera humanidad donde se respeta al ser humano, incluso antes de su nacimiento…
Celebremos con gozo este día, que por el Bautismo de Jesús y su misión posterior, se nos ofrece una vocación y un destino en la vida, la vocación y el destino de la solidaridad incondicional con los hombres, especialmente los más pobres, hasta llegar a la misma muerte y ser felices en esta aventura. Que Dios os bendiga,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín