No permitáis que se quede en el olvido lo que se nos ha regalado en estos días de Navidad, eso sería una tentación grave. Te ruego que actives todos los días la lección de sencilla humildad que nos ha dado Jesús, especialmente ahora, cuando el ciclo litúrgico nos introduce en la vida ordinaria, llena de complejas situaciones que los hombres resolvemos mal. Las lecturas de este domingo son muy significativas, porque iluminaran el ser del creyente para la vida ordinaria. ¡Somos buena semilla en las manos del sembrador!, pero deja bien a las claras que quien lleva la iniciativa es Él. Fijaos en la primera lectura y comprobad que parte de Dios la decisión de llamar al joven Samuel. Este muchacho aún no conocía la Palabra y se desconcertaba ante la llamada, menos mal que tenía a su lado al sacerdote Elí, que le explicó cómo ha de responder y le ayudó a entender la situación. No crean que fue una aventura ciega, en absoluto, el chico sabe dónde está, aunque muy joven, sus respuestas fueron determinantes: “Aquí estoy, vengo porque me has llamado”. No cabe dudar de su decisión de servir. Elí le ayudó a descubrir la importancia de la Palabra, a saber situarse ante la Voluntad de Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” y el resultado no puede ser más bello. Quizás sería bueno que revisáramos nuestra capacidad de escuchar a Dios.
Vivimos en un mundo donde la comunicación es importante y el hombre moderno recibe muchos mensajes, unos buenos y positivos, pero otros… pueden ser hasta dañinos, de aquí la necesidad de saber discernir, de tener la madurez para escuchar los que le convienen, aquellos que le edifican y dejar a un lado la basura. Por ejemplo, ahora está tomando protagonismo un mensaje de algunos colectivos ateos en el que se dice que Dios probablemente no existe y que cada uno viva como le de la gana… y lo pasean colgado en un autobús. En realidad no es nada original, se trata de algo muy viejo y que fracasó, ¿por qué lo sacan a la calle de nuevo? Hace unos 2200 años, el autor del Libro de la Sabiduría, en el capítulo dos, después de describir lo que significa una vida militante sin Dios, explica que eso es un fracaso, que los que así piensan son amigos de la muerte y se desviven por ella, estos desprecian la Sabiduría y dice: “Así discurren, pero se equivocan; les ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables…” (Sb 2,21). Este mensaje ya está podrido, es caduco… porque hemos conocido el Camino, la Verdad y la Vida.
Te ruego que pongas atención al mensaje que escuchaste en el Evangelio: ¡Ven y lo verás!, acércate a la experiencia de la fe, acércate a Dios y podrás comprobar que saldrás ganando en todos los niveles. Aquellos discípulos se quedaron con Él toda la tarde y salieron diciendo: ¡Hemos encontrado al Mesías!... se convirtieron en testigos. ¿Ves la importancia de saber escuchar y permanecer?, ¡ánimo! Que Dios te bendiga
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín