Verde es el color del tiempo

 

Verde es el color que identifica en la liturgia el Tiempo Ordinario y que ocupa casi medio año en el calendario, unos 33 ó 34 domingos. Se trata de un tiempo privilegiado y fuerte donde poder vivir la fidelidad de Dios y la perseverancia, para que el fiel cristiano disponga de un espacio de tiempo sosegado y pueda profundizar en el misterio de Cristo, a lo largo de todo el año, reposando la Palabra de Dios que se proclama, interiorizándola, revisando sus respuestas, actualizando su vida y acomodándola al Misterio del amor de Dios. Se dice algo muy bello en las indicaciones de este tiempo que: “en lo ordinario es donde acontece lo extraordinario: el Misterio Pascual de Cristo y nuestra comunión con él”. Aprovechemos el tiempo y entremos con gozo en el espesor de la existencia monótona y gris de cada día y de cada semana y potenciemos nuestra comunión con el Señor, vivo y presente en nuestra vida y en la de la Iglesia, a través de la Palabra de Dios y los Sacramentos.

Este año nos aguarda un acontecimiento sumamente importante, el Sínodo de los Obispos, cuyo tema central es: La Palabra de Dios. Ni que decir tiene que lo debemos preparar ya desde ahora y potenciar la lectura de la Sagrada Escritura, porque es el núcleo de la predicación de la Iglesia, la base de la evangelización. Ya sabéis que la Iglesia vive para el Evangelio. Nacida de la misión de Jesucristo, es a su vez enviada por El para prolongar y continuar el encargo recibido del Padre en favor de los hombres de todos los tiempos. Esta es la razón de su ser. A la pregunta de para qué existe la Iglesia en el mundo se responde así: “La Iglesia es continuadora de la misión de Jesucristo en el mundo (Mt 28,18; L.G., 5). Pero aún podemos ir más allá en la respuesta preguntándonos por la misión de Jesús: ¿qué hizo, qué quiso hacer, qué sigue haciendo Jesús en el mundo?” (CEE, Testigos del Dios vivo, Madrid 1985, nº 10). Todo lo que la Iglesia hace -oración, escucha de la Palabra, celebración de la Eucaristía y demás sacramentos, práctica de la caridad- no tiene sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Noticia (cfr. E.N.,15).

Estamos llamados a evangelizar todos, a ofrecer a los hombres, a nuestros amigos, hermanos o vecinos, compañeros de trabajo… la forma de vida de Jesús, como modelo de humanidad plena y como fuerza capaz de transformar al hombre desde dentro. En la situación de nuestra sociedad es apremiante la tarea evangelizadora, urgente y necesaria, aunque es preciso saber que sólo pueden evangelizar los que antes han sido evangelizados, es decir, sólo pueden ofrecer la forma de vida de Jesús los que han tenido la experiencia de fe de que Jesús es una persona real y viva, presente en la comunidad, en la propia vida, en la sociedad y en la historia. Evangelizar es siempre testimoniar “lo que hemos visto y oído”. Debemos dar gracias al Señor que nos ha permitido participar activamente en esta tarea y nos llama personalmente, dar gracias a Dios por ser hijos de la Iglesia, por pertenecer a la Comunidad de los santos.

Hemos aprendido del Maestro, como estilo de vida, la importancia de la Obediencia al Padre, de la sencillez, humildad, la entrega diaria al plan salvador de Dios, a saber amar sinceramente, pues ánimo, que somos esperanza y Jesús es la Luz del camino. En esta semana ya hay tema para interesarse por los demás: Las Jornadas de las Migraciones y la semana de oración por la Unidad de los cristianos. Nos vemos en el altar del Señor. Con mi bendición.


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín

 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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