NO TE QUEDES A LA PUERTA

 

Para la reflexión de esta semana bastaría haber escuchado el texto del Evangelio de San Lucas y dejar volar el pensamiento, con los ojos cerrados, hasta interiorizarlo, reviviendo la escena, como si tú estuvieras dentro de la sinagoga de Nazaret… Veríais las caras de los paisanos de Jesús, boquiabiertos por las palabras de gracia que salían de su boca; oiríais su voz que anunciaba que el Espíritu del Señor está sobre mí, como en los grandes profetas de Israel y sabríais que su misión era la de anunciar la esperanza y la salvación. La reacción de todos fue dar testimonio de Él y llenarse de admiración. Seguro que a ti te pasaría lo mismo, porque habrías sido testigo de la curación de los que tienen el corazón roto. Jesús es el mismo hoy que ayer, su poder no se ha debilitado, suscita la misma admiración y da coraje para anunciarle, ¿Qué les pasa a los hombres de esta época? Sencillamente, que no han entrado en la sinagoga, que se han quedado en la calle esperando a que salgan…

          Os pongo un ejemplo de uno que se admiró verdaderamente de Jesucristo y no se cansó de dar testimonio de Él, me refiero a San Pablo: “lo que era para mi ganancia, decía, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quién perdí todas las cosas y las tengo por basura para ganar a Cristo” (Flp 3, 7s). La fuerza de Jesús, ungido por el Espíritu, transforma día a día nuestra existencia y nos hace partícipes de su gracia, como hombres nuevos: llenos de fe, cargados de paz en el corazón, de confianza, alegría, libertad interior, con fuerza para perdonar y coraje para testimoniarle, llamados a descubrir al otro como un hermano a quién amar.

          Poned en alerta todos los sentidos que el Espíritu Santo alejará los miedos y fortalecerá la esperanza, para saber vivir en caridad y esperanza. La pregunta que viene es sencilla: ¿Qué le pasa a esta sociedad que somos testigos de un fuerte déficit de fraternidad y de esperanza? La respuesta está clara, que vive de espaldas a Dios, sin embargo, se ha edificado otros altares: consumismo, la superficialidad, laicismo, relativismo… que son esclavizantes.

          Los cristianos debemos saber situarnos en este mundo, no queremos privilegios, sino el derecho de vivir con un estilo diferente, el que nace del Evangelio. Nuestro sitio no está en la sacristía, con las puertas bien cerradas, porque digan que eso de ser creyente es una cosa privada; nuestro sitio esta en la plaza pública, en la sociedad, en los areópagos modernos, dando razón, a los que pregunten, de la esperanza que nos caracteriza (1Pe 3,15). Explicar a todos el sentido de tu vida, sin cobardías, te necesitan, aunque se burlen.

         Cristo nos invita a la confianza. Como a sus discípulos, temerosos de ver que se hundía la barca bajo las olas del mar furioso, nos dice hoy Jesús: “¿por qué tenéis miedo, gente de poca fe?” (Mt 8,26). Tenemos la seguridad que Él está con nosotros, en la misma barca, luego, adelante. Espero que tengáis la sabiduría de ponerse en camino, como hicieron los Reyen Magos, que tenían noticia del nacimiento de quien sería la Luz del mundo “en lo más hondo de su ser buscaban el derecho, la justicia que debía venir de Dios, y querían servir a ese Rey, postrarse a sus pies, y así servir también ellos a la renovación del mundo” (Benedicto XVI a los jóvenes en Colonia). Cuando termines de leer este artículo, lee el Evangelio de hoy, luego, levántate y mírate en el espejo para ver si tienes cara de admiración. Ahora puedes predicar a Nuestro Señor. Te bendice,
 


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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