El tiempo litúrgico que hemos comenzado se va haciendo cada vez más interesante. En su pedagogía se va desplegando, como la firme mano de un escultor sobre su obra maestra, toda la actividad pública de Nuestro Señor, desvelándonos la grandeza de su tarea y la fuerza de su palabra creadora llena de esperanza y vida. San Mateo será el encargado, durante este año, de que conozcamos al Señor, movido por la claridad de la luz de la fe y la experiencia de la Pascua. El evangelista nos contará las líneas esenciales de la vida de Jesús con mucho amor, con un trabajo elaborado y exquisito, pero pidiéndonos una respuesta urgente: la conversión y la fe. Conviene no olvidar que Dios se comunica realmente con nosotros por medio de su Palabra, vedlo en el evangelio de San Juan: “Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios” (Jn 1,1). Jesucristo es el Verbo de Dios hecho carne, ‘así que –como dice C.M.Martini- no sólo lo que dice Jesús, sino también su vida, su presencia, su predicación, su muerte y resurrección son manifestación de Dios’, de Jesucristo nos interesa todo.
Nos es muy necesario oír al Señor y conocer y respetar su Palabra, porque ya sabéis lo que nos dice el Evangelio, que quien escucha la Palabra de Dios y no la lleva a la práctica se parece a un hombre necio. En todas las celebraciones de los cristianos católicos se proclama la Palabra de Dios, en todos los sacramentos, pero especialmente en la Eucaristía el tiempo para la Palabra es fundamental, y va dirigida a todos. Sería bueno que nos preguntáramos cual es nuestra actitud ante ella. En las celebraciones, no se lee, se proclama con dignidad –es importante que se cuiden a los lectores- y para que se oiga, -es muy conveniente que en las iglesias se cuide especialmente la megafonía- porque la escucha de la Palabra requiere un discernimiento: ¿qué debo hacer? La respuesta es importantísima para la conversión. En el Evangelio de este domingo se dice que comenzó Jesús a predicar diciendo: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos” y luego iba invitando a seguirle…
El caso es que nos debemos tomar muy en serio nuestra realidad de hijos de Dios y prepararnos con fidelidad. Me consta que muchos, antes de ir a la Misa, leen las lecturas en casa, a algunos les sirven para la meditación durante la semana. Esto siempre es de alabar. A los que no tienen la costumbre, me permito recomendarles los materiales litúrgicos, que existen en las librerías religiosas, con las lecturas de cada domingo, son de gran utilidad y, además, muy económicos.
Señalo algunos aspectos de las lecturas de hoy que nos servirán para la reflexión personal y para la oración. Tanto en la Primera lectura, como en el Evangelio se destaca la potencia liberadora de presencia de Jesús, que salva y abre muchos caminos de esperanza y de vida para su pueblo. Jesús es la Luz que ilumina nuestra realidad y nos denuncia nuestros pecados, las sendas torcidas, las noches oscuras, la mediocridad y el gusto por la comodidad… el Señor nos abre infinitas posibilidades para la santidad… A nadie le extrañará que exija la conversión, de mil amores cuando uno conoce la luz, ya que en la luz se goza de mejor criterio para la decisión. Otro tema es el del seguimiento, Jesús llama a seguirle y nos incorpora a su tarea evangelizadora. Esto es un regalo, un gesto de mucha confianza en nosotros, aunque ya sabes que antes hay que convertirse. Dios os conceda la sabiduría de escuchar su Palabra con corazón dócil.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín