No puede ser más apasionante la Palabra de Dios, te sientes tan cerca de Él y tan implicado en su proyecto, que es lo más fácil del mundo comunicarla. Lo primero que salta a la vista es que Dios nunca nos ha ocultado sus intenciones, siempre ha hablado clara y nítidamente, su mensaje ha sido absolutamente de salvación y de Vida y de ningún modo está sometido a la improvisación, su decisión está formada, el guión lo tenía escrito antes de la creación del mundo, y lo está poniendo en marcha, por etapas, como una bella historia de amor: “antes de formarte en el vientre te escogí”. Nuestro Señor conoce a los personajes, cree en ellos y se vuelca hasta la misericordia y el perdón. Dice el Evangelio de hoy que Jesús les dijo a sus paisanos de Nazaret: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” y sigue diciendo el texto: “Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios”. Es la prueba más evidente de que sus compatriotas conocían los planes de Dios y siguen admirándose de Él, nada extraño, porque cuanto más se conocen más se aman.
Fijaos con atención de la dinámica planteada en la lectura del profeta Isaías. Lo primero que dice es: Yo he pensado en ti, antes de que vinieras al mundo, te he elegido, te he consagrado y te he nombrado profeta. El que lleva la iniciativa es Dios y si ha hecho todo eso, ¿tengo derecho a pensar que Dios no me conoce? Lo más lógico es responder con generosidad, decirle que sí a lo que te pida, mejor, cumplir su voluntad: ¿quieres, Señor, que sea profeta, pues aquí estoy? A la propuesta de Dios debe responderse con generosidad, así que: cíñete los lomos, ponte en pie y a hablar lo que Él te diga. No es fácil la aventura a la que te llama, pero va por delante su palabra: No tengas miedo, serás plaza fuerte, columna de hierro y muralla de bronce, maravillosas imágenes para decirte que podrás realizar el encargo. En castellano se suele usar una expresión que ahora viene justa: nadar contracorriente. A Jeremías se le dijo que tendría enfrente a todo el país: reyes y príncipes, sacerdotes y gente del campo, “todos lucharan contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte”.
Me imagino que alguien estará pensando que son maravillosas estas palabras, pero todo puede esperar, que espere Dios… Pues mira, no puede ser, se necesitan respuestas ya y ahora, Dios te necesita en este momento porque son muchos los que reclaman tu respuesta. Necesitan tu decisión los tristes y abatidos, los pobres y hambrientos, los perseguidos, calumniados, excluidos de a sociedad, los desesperanzados, los ciegos y paralíticos, ancianos y niños, jóvenes y maduros, los cansados de esperar… necesitan tu palabra profética, tus manos y tus pies de heraldo de buenas nuevas, esperan a quien les pondrá luz en su camino, al que les hable de Dios, o al que les perdone los pecados, a aquel que les anime en sus fatigas y les acompañe en las pruebas… Piensa a ver si estás dispuesto a arriesgar o prefieres la dulce comodidad y que nadie te moleste, seguir la “marchica”, “que más da”, “allá cada cual”… “ya lo harán otros”…
Me vais a permitir que sea sincero, ¿Cuántas veces habéis sido invitados a cursos de formación, a participar en conferencias, retiros, meditaciones, grupos, reuniones, catequesis de adultos, Movimientos, Asociaciones, celebraciones, practicar la caridad…? No me respondáis a mi, pero acordaos de responderle al Señor… ¡Cuántas parroquias se quedan sin estrenar el cartel de invitación a las actividades!¡cuantos silencios y disimulos estropean tu misión de profeta! Que nadie se engañe, la insistencia no es porque nos interese el número, la cantidad, la masa… no, lo que interesa es que donde esté un cristiano sepa dar razón de su fe con la valentía y la seguridad que nos dice el Señor. El Evangelio termina sin disimulos y dice que la gente, al escuchar las palabras de Jesús donde les denunciaba la falta de fe, se pusieron furiosos y lo empujaban hasta el barranco con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba. Estamos en tiempos recios y es necesario fiarse del Señor y ser coherentes con la fe. Os bendice y reza por vosotros.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín