LOS ENFERMOS PODÉIS SALVAR AL MUNDO

 

Realmente, el que se deja llevar de la mano de Dios no se equivoca. Nada sucede por casualidad, está pensado por el Señor antes, lo hemos estado viendo en estos domingos anteriores con respecto a la vocación, al seguimiento de Jesús cuando nos decían las lecturas: antes de formarte en el vientre de tu madre te escogí… Pues bien, fijaos cómo, en este quinto domingo del tiempo ordinario, la Palabra de Dios nos es dirigida para que veamos que partimos de la Voluntad de Dios, que no hay que temer, que el Señor nos da la seguridad, que seamos fuertes y valientes, arriesgados profetas de buenas nuevas para todos, incluso para los que no quieren escuchar… En principio, para esta actividad se requiere buena salud, los inconvenientes y dificultades del camino están ahí, entonces, ¿qué pasa con los hermanos débiles, enfermos, pobres…? ¿Sirven o no para esta empresa a la que nos está invitando Dios?

       Ahora comenzamos a darnos cuenta de la diferencia que existe entre los planes y proyectos de Dios y los de los hombres, de que los caminos de Dios son diferentes de los caminos de los hombres. La gente te desea salud y dinero, pero los enfermos y los pobres… ¡ah!, no se dice nada, se ignoran habitualmente, se silencian en los modelos “modernos” de sociedad, pero para Dios no pasan desapercibidos. Para el mundo, un enfermo o un anciano es una pobre criatura que no sirve para nada, ¡qué pena! Dios, sin embargo, nos ha demostrado infinitas veces cuánto ama a cada hombre, cómo es su entrañable misericordia y cuán inmenso es el don de la dignidad humana, pero su amor se desborda con el que tiene necesidad, que es motivo de especial cuidado. En la enfermedad o la ancianidad está presente Dios y, llevadas por Él, son un medio de santificación y de apostolado. Contemplad este texto del Catecismo de la Iglesia Católica: “La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él”. (n. 1501). Puedes ser un apóstol.

         El 11 de febrero celebramos la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, el día del enfermo, y cómo no acordarme de todos vosotros, hermanos, que estáis en casa o en los hospitales padeciendo la enfermedad o la limitación física por los muchos años, también a vosotros os llama el Señor para ser apóstoles del amor, vuestro dolor ofrecido se convierte en algo eficaz para la salvación de todos, así también podéis evangelizar, porque podréis afianzar a las almas vacilantes, volver a llamar al camino recto a las descarriadas, devolver la serenidad y confianza a las angustiadas y dudosas… decía el Papa Juan Pablo II: “En vosotros, enfermos, Cristo prolonga su Pasión Redentora. ¡Con Él, si queréis, podéis salvar al mundo!”

         Por intercesión de la Santísima Virgen de Lourdes deseo que alcancéis la gracia de Dios; la salud, si conviene y la salvación eterna. Rezo por quienes os cuidan. Os bendice,


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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