Consideremos las palabras de Dios Padre en el relato de la Transfiguración, ¿Qué nos querrá decir al insistir que le escuchemos? En principio, es natural que nos advierta eso, dado que vivimos rodeados de mucha palabrería hueca, de las opiniones de unos y de otros que nos señalan lo políticamente correcto, lo socialmente acertado, lo que es objeto de rechazo o mofa, lo progre o lo retro, lo que se lleva o se rechaza, la marca, el color…; todos los días hablan y hablan ilustrados contertulios, razonables unos y burlones otros; se ofrecen futurólogos y echadores de cartas, charlatanes a sueldo… Nos inundan y abruman por doquier, no dan tregua, no se nos deja en paz ni un minuto… Pero, eso sí, usted no se preocupe, todo se le da resuelto, no debe preocuparse por nada, a su disposición le han colocado en un “prêt à porter” del pensamiento, ¡solo tiene que colgárselo y a la calle!
De joven me maravillaba la advertencia evangélica, que decía que los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz y es sorprendente cómo eso se cumple también hoy, ved con qué empeño te empuja el mundo a que pongas tus ilusiones y esperanzas en lo caduco; el ruido y jaleo que monta a tus espaldas para que vuelvas la mirada atrás. Pero el Señor nos ha enseñado a dar la cara y responder a estas tentaciones con la firmeza de la confianza en Dios: “¿Para qué me solicitas, mundo? Mucho más dulce que tus promesas es la dulzura que yo amo”. Esto es lo fantástico, que Dios sigue llamando y siempre se produce el mismo fenómeno, tienes que decidirte entre lo que ofrece el Señor o lo que te ofrece el mundo. Por este trance pasó Abraham, el pueblo de Israel al salir de Egipto y cualquiera de nosotros cuando vemos que debemos convertirnos de verdad al Señor. El secreto de la firme decisión está en descubrir y valorar la fuerza, el poder y la belleza de Dios, que te ha prometido una tierra, la libertad, el perdón y la Vida eterna. La respuesta de Abraham fue inmediata, se fió de la Palabra de Dios y se puso en camino. Su fe le convirtió en peregrino, en nómada, le desinstaló de su mundo, de su cultura y de su tierra. Dios le presentó una meta creíble y ya no necesitó más, sino comenzar a caminar
Una mirada a nuestro alrededor nos lleva a cuestionarnos el estilo de la vida, ¿Os habéis preguntado por qué la gente se afana tanto por conseguir riquezas, siendo eso causa de sufrimiento y de ausencia de paz día y noche? ¿Os habéis preguntado las fatigas de los avariciosos, los peligros, sudores y estrecheces por los que pasan? Pretenden llenar sus arcas, pero han perdido la tranquilidad, se llenan de temores, pierden el sueño… La respuesta a estos interrogantes es clara: porque no se han encontrado con Dios, que no le conocen, sus vidas están vacías y las pretenden llenar con lo perecedero, experimentando el fracaso y el fraude.
En esta Cuaresma, Dios te pide que escuches, que guardes silencio, estando en el desierto o en el monte, que pongas paz en tu interior. Te hablara al corazón, quiere que le conozcas de verdad y que contemples la meta hacia la que te diriges y, a su luz, examinar el camino que recorres. Abraham es un modelo de confianza, ha escuchado y se ha puesto en camino. Os deseo a todos la firmeza de la fe.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín