CONOCE EL DON DE DIOS

 

“Si conocieras el don de Dios”, le dice Jesús a la Samaritana. No estaría nada mal que cada uno se aplicara el mensaje, que se abriese a la experiencia de la fe, porque es la mejor forma de recuperar el optimismo de la propia vida cristiana y el gozo de saber que tienes una existencia con sentido. Es lo que ha hecho Jesús con esta mujer, estaba perdida, lejos de la Voluntad de Dios y sin pensamiento de acercarse a Él, pero el encuentro con el Señor es determinante. La iniciativa parte de Jesús, que le pide de beber, pero la respuesta de ella no se deja esperar y no se le ocurre otra cosa que sacarle todos los temas que le marcan las distancias: eres judío y tu pueblo y el mío no se hablan; no tienes cubo y el pozo es muy hondo... Este comportamiento no creo que sea extraño, porque está dentro de los parámetros humanos, seguro que alguna vez nos hemos sorprendido con esta reacción. Esta misma situación se plantea en la primera lectura de hoy, recogida del libro del Éxodo, y que narra la salida de Israel de la esclavitud de Egipto. El pueblo de Israel no sabía vivir en libertad y se dedicaron a murmurar contra Moisés, le decían que los había sacado para que murieran de hambre, que el Señor no está con nosotros… vamos, todo un record de desconfianzas. El pobre Moisés tuvo que acudir a Dios y decirle: ¿Señor, qué puedo hacer yo ahora?, y encontró pronto la respuesta, Dios les dio el agua que necesitaban.

La pedagogía utilizada por Jesús es ejemplarizante para todos, porque no rechaza a esta mujer samaritana, no cierra la puerta ante la incredulidad, ni ante las dificultades que le pone, no le acusa directamente por sus pecados… sino que con paciencia divina la lleva a un proceso de maduración en el que la mujer va pasando de una visión superficial y tópica de Jesús a su verdadera identidad: de tenerlo por judío y enemigo de su pueblo a definirlo como señor y rabí; después avanza un poco más: “Señor, veo que tú eres un profeta” y es que el hecho de haberle relatado Jesús todo lo que había hecho durante toda su vida le favoreció para derrumbar todas sus dudas y fue entonces cuando la mujer abrió su alma a la esperanza, le confiesa que sabe que vendrá un Mesías. Ese que esperas, soy yo, le dice el Señor.  Al poco la vemos como creyente y dando testimonio de Jesús.

Si el Papa, Benedicto XVI, nos invitaba a vivir el modelo de caridad samaritano, el saber entregarte totalmente al hermano con la misma sencillez del personaje que narran los evangelios, no me parecería desencaminado el que aprendiéramos a madurar nuestra conversión, de la mano de la Iglesia, hasta llegar a confesar a Jesús, según otro modelo, el de la samaritana. La pedagogía y los signos que nos da Dios, la Palabra de Jesús, el testimonio y el estar apoyados en la esperanza serán los medios más efectivos para aceptar a Cristo como el salvador del mundo y para dar razón de Él.

Os propongo un ejemplo que nos da la Escritura y que nos descubre la importancia de saber escuchar, de hacerle caso a Dios, Nuestro Señor. Hechos de los Apóstoles (Hch. 16, 13 ss.) relata una escena encantadora. Pablo en Filipos habla a un grupo de mujeres. Todas le escuchan. Entre ellas se encuentra Lidia, vendedora de púrpura, temerosa de Dios. También ella escucha con las demás. Pero de ella, por encima de las otras, escribe Lucas: El Señor abrió su corazón para que hiciese caso de las cosas que Pablo decía" (v. 14). Para que la Evangelización sea eficaz, no basta la predicación externa; tiene que actuar la gracia en el corazón del oyente. Y esa gracia hay que implorarla e impetrarla, que la regala el Señor, así que ya hay tema para rezar. Saludos y Dios os bendiga,

 


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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