Está la Majestad de Dios tendida
en una dura cruz, y yo de suerte
que soy de sus dolores el más fuerte
y de su cuerpo la mayor herida. (Lope de Vega)
El Papa Benedicto XVI nos hace una llamada en esta Cuaresma a mirar a Cristo traspasado en la Cruz. Sabemos por la experiencia de los testigos y por la nuestra misma que cuando miramos a Cristo obtenemos la misericordia entrañable, ¿Pensad en la narración evangélica cuando Pedro busca la mirada del Señor, después de haberle negado? En su mirada se encuentra el perdón y se cierran las heridas. Recordad cual fue la invitación del Papa, Juan Pablo II, al terminar el Año Jubilar: “Al final del Jubileo, a la vez que reemprendemos el ritmo ordinario, llevando en el ánimo las ricas experiencias vividas durante este período singular, la mirada se queda más que nunca fija en el rostro del Señor.” (NMI, II, 16). Atrévete a romper tus inercias y olvidarte de los itinerarios que no te llevan a la Luz, si tienes señalada la senda, estrecha y angosta de la Vida, la puerta de la Salvación, ¿para qué dar mas vueltas? La puerta no es otra que Cristo, ¡ánimo, responde mirando su rostro! Cristo fue enviado por Dios al mundo para llevar a cabo la redención del hombre mediante el sacrificio de su propia vida. Este sacrificio debía tomar la forma de un 'despojarse' de sí en la obediencia hasta la muerte en la cruz: una muerte que, en opinión de sus contemporáneos, presentaba una dimensión especial de ignominia. ¡Fíjate cuanto amor ha puesto Jesús en esta aventura, que no le ha importado pasar por el Varón de Dolores, que anunciaba Isaías! ). Nuestra primera tarea de evangelización, tanto para sacerdotes como para laicos, es testificar que la salvación está en Jesucristo, que es El quien da la Vida.
Para las personas que andan desconcertadas por la vida, que quieren sinceramente buscar el rostro del Señor, porque han comprobado que las ofertas del mundo son vanas, les indico una manera segura de poder reconocerle: en la Eucaristía y en la caridad, dos espacios fantásticos para poder contemplar el rostro de Nuestro Señor. Este podría ser el compromiso serio para esta Cuaresma, ir a Misa y hacer obras de caridad. En la Encíclica “Ecclesia de Eucaristía”, nos dice el Papa que la Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no solo como un don entre muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia y sigue diciendo, en este primer capítulo, que “la Iglesia vive continuamente de este don redentor y accede a él no solo a través de un recuerdo lleno de fe, sino también en un contacto actual, porque el sacrificio se hace presente, perpetuándose en cada comunidad, que lo ofrece por manos del ministro consagrado… La Misa hace presente el sacrificio de la Cruz, el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo, que se actualiza en el tiempo”. Acerca de la caridad, dice el Papa, “Si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse: « He tenido hambre y me habéis dado de comer, he tenido sed y me habéis dado que beber; fui forastero y me habéis hospedado; desnudo y me habéis vestido, enfermo y me habéis visitado, encarcelado y habéis venido a verme » (Mt 25,35-36). Esta página no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo. Sobre esta página, la Iglesia comprueba su fidelidad” (NMI, 49).
Os he ofrecido estos sencillos caminos para poder gozar con el encuentro con el Señor, pero os recomiendo encarecidamente que compréis y leáis la Encíclica: “Deus, Cáritas est” de SS. Benedicto XVI, que os ayudará mucho a entender el estilo del cristiano para esta época. Termino con unas palabras del Mensaje de Cuaresma del Papa: “Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo ‘eucarístico’, en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y palabra”. Os bendice y reza por vosotros,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín