Esta semana veréis que este rincón está lleno de gozos y esperanzas, precisamente en esta semana en la que celebramos el Día del Seminario. ¿Día del Seminario y esperanza? ¿Pues no dicen que no hay jóvenes que quieran consagrar sus vidas al Señor? Jóvenes generosos han existido siempre. En nuestro Seminario Mayor tenemos doce, sí, doce seminaristas mayores. ¿Verdad que tengo razones para estar contento? Para que veáis que Dios sigue tocando el corazón de muchos y eso que los vientos que corren no son propicios, ni para jóvenes , ni para adultos: el viento de la indiferencia en la que se vive; el viento de la negación, “no tengo tiempo”, no tengo ganas”, “no puedo ahora”, “no cuentes conmigo”…; el viento de la ficción, a través de los videojuegos, reality show, de las apariencias…; el viento inexplicable de la preferencia por lo caduco y perecedero; la impaciencia por tener; vientos de relativismo, hedonismo… Pero Dios ha escuchado la oración de su pueblo y nos está sacando de la sequía, conoce nuestros sufrimientos y nos da soluciones.
Fijaos bien en la primera lectura de hoy y escuchad lo que dice Dios a Samuel: “Vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey”. ¿Nos les parece maravillo? Yahveh actúa así siempre, toma la iniciativa y envía al profeta a ungir al que Él había elegido… Samuel sabía que no dependerá de sus gustos, se debe limitar a presentar a todos al que ha querido Yahveh. Esta lección es fundamental, así que ¿cómo interpretar esta bella historia? Sencillamente, como Dios es el mismo ayer y hoy, los seminaristas de la Diócesis son también elección del Señor. Dad gracias conmigo al Altísimo por este fantástico regalo, porque es una prueba de que nos quiere, de que no abandona a su Iglesia. Pero, al mismo tiempo, permitidme que os pida que me ayudéis a cuidar la heredad del Señor, ¡ayudadme para la formación de estos jóvenes, que serán pronto presbíteros dispuestos a servir en esta Diócesis! Para esto sirve el Día del Seminario.
Queridos amigos, los seminaristas le han dicho al Señor que cuente con ellos para ser sacerdotes, para entregarse de por vida. Saben el valor de su Sí, saben que es haber arriesgado mucho; saben que la decisión es libre y que se deben poner en marcha, como peregrinos; saben que no han de tener miedo, estar disponibles y decididos a responder con generosidad a la llamada. Con frecuencia he acudido a las palabras de Pablo VI explicando el valor de la vocación: “si hay un servicio que exija la inmersión de quien lo ejerce en la experiencia multiforme y tumultuosa de la sociedad, más aún que el del maestro, que el del médico, que el del hombre político, es el servicio del ministerio sacerdotal. «Vosotros sois, os dice el Señor, la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo”.
A vosotros, seminaristas, abrid los oídos y escuchad: ‘sabed escuchar el lamento del pobre, la voz cándida del niño, el grito expresivo de la juventud, el sudor del trabajador fatigado, el suspiro del que sufre y la crítica del pensador. ¡No temáis! Nolite timere! ha repetido el Señor. El Señor está con vosotros y la Iglesia, madre y maestra, os asiste y os ama, y espera que, mediante vuestra fidelidad y vuestra actividad, Cristo continúe su obra constructiva de salvación’. Dios bendiga vuestra clarividencia y valentía y sabed que no estáis solos en esta aventura dramática del seguimiento de Cristo, también estamos los demás. Sentid el cariño que os tienen los hermanos y que rezan por vosotros. Dios os bendiga a todos.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín