PARA UN MUNDO LOCO, EL EQUILIBRIO DE LA FE

 

Un día oye Abraham la voz del Señor, que le dice: “sal de tu tierra”, “ponte en camino”… y Abraham se fió de Yahvé. No era fácil la aventura que le pidió: tiene que romper con su cultura, dejar atrás su mundo, olvidarse de sus cosas, de lo que le daba seguridad aquí, despojarse de todo resorte… y ponerse en camino sin saber a donde le llevará… pero la respuesta fue inmediata. Este personaje histórico se ha ganado el título de padre de la fe. Hoy no debemos de dejar de dar gracias a Dios, porque muchos hombres y mujeres han respondido con la misma generosidad en todos los tiempos.

         En Cuaresma seguimos oyendo a Dios que nos propone dejar tierra y ponernos en camino, esto no deja de ser una llamada a la conversión. Pero la exigencia va más allá, a lo más hondo de nuestro ser y desde la íntima realidad de mi yo aceptar, con generosidad, la invitación a ser de Dios, es decir, salir de mi mundo de apariencias, de mis intereses ocultos, de mis egoísmos paralizantes… de este mundo que me construido y me da seguridad, para llegar a ser santo. La santidad es mi nueva tierra, mi casa, la que Él me tiene reservada.

        No es un reto pequeño: ser santo en este loco mundo, pero si el proyecto lo lleva el Señor, nada hay que temer. Releed la primera lectura de este segundo domingo de Cuaresma y veréis cómo se presenta Dios: “Yo soy el que te he sacado de Ur de los Caldeos…”, además, le da signos; en la segunda lectura, en boca de San Pablo, tenemos mas señales que nos distinguen de los que no han salido de su tierra: somos ciudadanos del cielo, aguardamos a Nuestro Señor Jesucristo y Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa.

        Somos ciudadanos del cielo, pero aún peregrinamos por este mundo limitado, esto lo notamos cuando somos conscientes de nuestros propios pecados y de los pecados de los demás, cuando olvidamos nuestra verdadera realidad y cuando vivimos las consecuencias de una sociedad sin Dios. Me contaron el otro día el testimonio de un chico que se quejaba del trato que había recibido en su comedor universitario, no le quisieron dar una comida sin carne el miércoles de ceniza, eso no podía ser, le dijeron, pero comprobó que para los musulmanes sí había alternativas. Me comentaron que el joven decidió marcharse en silencio y quedarse sin comer, preguntándose, ¿por qué no hay respeto también para un cristiano? Un aplauso para este hombre y un “¡olé!”. Ha padecido las consecuencias de una sociedad laicista que tiene brotes de totalitarismo imperante y, para colmo, creerá que ha hecho un bien. No se quedará sin recompensa este ciudadano del cielo.

         Bastaría, por hoy, con leer el texto del Evangelio, con el relato de la Transfiguración del Señor, porque nos da ánimo para entender que el mundo lo lleva el Señor y que tiene poder para fortalecernos y revestirnos de Luz, al igual que a Jesús, el Hombre Nuevo, pero sabemos que Jesucristo quiere que no nos desentendamos de nuestras responsabilidades de aquí y ahora, así que como a Pedro, Santiago y Juan nos hará bajar a la arena de la vida. Por esta razón me he acordado de una cita de San Pablo, que os la brindo, por lo oportuna que es y por las pistas que nos ofrece: “Poneos en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del maligno. Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu” (Ef 6,14-18).

        Os deseo una verdadera conversión en esta Cuaresma y activad la fe, suplicándole al Señor. Con mi bendición,


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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