LA TIERRA QUE PISAS ES SAGRADA

 

“¡Miremos a Cristo traspasado en la Cruz!”. No puedo dejar de escuchar estas palabras en estos días, resuenan en mi interior con tal fuerza que me duelen los oídos y me hacen pensar mucho sobre el amor que pongo en mi trabajo diario. Se trata de otra llamada a la conversión. A los creyentes no les extrañarán, porque están en onda y entenderán el significado de la Cruz, de la entrega de Jesús, su pasión, muerte y Resurrección… pero es posible que al “hombre moderno” le sorprenda esta invitación, porque en el fondo de su ser se estarán preguntando si un “medio muerto” puede hacer algo por salvar a alguien, si una persona en esas condiciones de debilidad podrá ayudar a alguien… Como respuesta, sería bueno imaginar a San Pablo evangelizando a los Corintios, modernos y cosmopolitas, ellos: “nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los gentiles” (1Co 1, 23). El Mensaje de Pablo y el que cita el Papa no ha perdido actualidad, después de 2000 años, ¿qué pasa entonces? Pues que Jesús ha aceptado el Plan Salvador del Padre y quiere llevarlo hasta el final, con absoluta entrega y se tuvo que enfrentar a situaciones hostiles, con la fuerza de la verdad que proclamaba en beneficio del hombre. Jesús tiene coraje evangelizador. Pablo lo entendió perfectamente y se entregó, como discípulo fiel de Jesús y Benedicto XVI nos vuelve a poner delante del rostro de Jesús, pero en ese trance de entrega total, por nosotros.

        Recordad el comienzo de evangelio de San Marcos (Mc 1, 12-13), un relato muy breve, pero se puede ver cómo Jesús supera las tentaciones que le plantea el demonio. Jesús se enfrenta al que inspira miedo, al enemigo del hombre, que le tienta y pretende aplastarlo. Este es el comienzo, hermanos, en combate, con coraje por defender su terreno. Así inauguró la vida pública Jesús, por tanto, no podemos olvidar que también somos nosotros un blanco del Adversario, aunque hemos aprendido de Nuestro Señor a ser combatientes. Si olvidamos que debemos estar alerta tenemos grave peligro, si nos dedicamos a mirarnos a nosotros mismos… nos puede vencer el demonio. La descripción de San Pedro no puede ser más descriptiva: “Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (1Pe 5,8).

        El Dios crucificado nos habla de que el amor a Dios es inseparable del amor al hombre, por eso se entiende cómo, ya desde el Antiguo Testamento, el Señor va defendiéndole, abriendo camino a la causa del hombre. El culmen del amor de Dios está en que se hizo hombre y acampó entre nosotros. En la primera lectura de este domingo de Cuaresma se relata claramente que el Señor oye los gritos, la opresión, quejas y lamentos de su pueblo y manifiesta su intención de bajar, Él mismo, a librarles y a ofrecerles una tierra que produzca en abundancia. No es la primera vez que oímos esto, ni será la última, porque Dios se toma muy en serio nuestro mundo y le duelen las injusticias, mentiras y calumnias contra sus hijos, especialmente con los más débiles, lo que hagamos con los más pequeños de estos hermanos nuestros, lo hacemos con el mismo Jesucristo (Mt 25, 40). Nadie puede contra Dios.

          Que nadie dude de que es Dios quién lleva la iniciativa de la salvación. También, ahora, sabemos lo que significan las experiencias del desierto, las dificultades de la predicación… La figura de Moisés es inspiradora para nosotros en cuanto llamado a liberar a su pueblo de la esclavitud en Egipto. En el texto aparece muy claro que quien llama es Dios y Moisés responde, se pone a disposición, pero sabiendo quién es el que lleva la dirección. Para entenderlo debe aprender a humillarse, a servir… vas a estar al servicio de los hermanos, te consagrarás para esa misión, pero antes: “quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado”. Nadie puede comenzar la aventura de servir al hermano, sin reconocer que es propiedad de Dios y merece todo el respeto del mundo: que es a Dios mismo a quien sirve. Os deseo una sincera conversión. Os bendice


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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