Comienzan las lecturas de este domingo con motivos des esperanza. La primera lectura relata lo que Dios dice a Josué, al regreso de Egipto: “Os he despojado del oprobio de Egipto”; en la carta a los Corintios, dice Pablo, “que el que es de Cristo es una criatura nueva” y en el Evangelio la hermosa figura del padre del hijo pródigo aporta la grandeza del corazón de Dios, capaz de olvidar el desprecio que se le ha hecho, con el perdón, regalándoles, de nuevo, la dignidad de hijos a sus dos inconscientes vástagos. Los testimonios bíblicos nos animan a ver el futuro con confianza, que no nos equivocamos si confiamos en Dios. No le falta razón a los que nos recuerdan la frase central de la Biblia: “Mejor es refugiarse en el Señor, que confiar en los hombres”. La mano de Dios es siempre salvadora.
Siendo las cosas así, ¿Qué sentido tiene insistir en pedir vocaciones? Precisamente para que todo el mundo se entere, con las palabras de un testigo, de la grandeza de Dios, del Reino de Dios, de la Salvación que ofrece el Señor gratuitamente. Se necesitan hombres y mujeres, capaces de tender puentes para unir a todos los pueblos en la confesión del Dios de la Vida, para reconciliar los espíritus, aunar voluntades; personas capaces del diálogo para llevar el mensaje cristiano a la sociedad; apóstoles consagrados capaces de sumergirse en el mundo y en la historia con un corazón contemplativo; se necesitan místicos que nos ayuden a encontrar a Dios en el día a día; necesitamos confesores de la fe y del gozo de creer, valientes hasta la sangre (Cfr. Documento del Congreso Europeo sobre las Vocaciones, 1998)
En plena Campaña del Seminario debemos decir que ser sacerdote hoy no es perder una vida, sino ganarla. El sacerdote se entrega a la misión evangelizadora sabiendo que no es el objetivo el pasarlo bien sino cumplir el encargo del Señor, para que la gente crezca y llegue a ser santa: “¡Ay, de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!” (Ez 34). El testimonio de San Pablo es normativo para el que ha consagrado su vida al Señor sirviendo a todos. Mirad lo que nos dice San Pablo en la carta a los Tesalonicenses: “nos comportamos afablemente con vosotros, como una madre que cuida de sus hijos con amor. Tanto os queríamos que ansiábamos entregaros, no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas. ¡A tal punto llegó nuestro amor por vosotros! (Tes 2,7-8). El sacerdocio está destinado a la Iglesia, a la comunidad de los hermanos; está destinado al mundo. El sacerdocio es apostólico, misionero. El sacerdocio es caridad.
¡Dejad que hable San Pablo, escuchad sus razones y entenderéis el por qué se entregó a Jesús!, sólo el amor y la misericordia de Dios puede atravesar las murallas del orgullo y de los castillos personales y no existe expresión más hermosa de ese amor, que la Cruz del Señor: "No vale cualquier actitud ni cualquier vida salva. No toda vida es ocasión de esperanza; pero sí esta vida, la de Jesús, que tomó sobre sí en amor la cruz y la muerte." (J. Moltmann: El Dios Crucificado, pg. 153). Escuchad, también, el grito de un Papa, Pablo VI, exhortando al ánimo y coraje evangelizador: “¡El mundo os necesita! ¡el mundo os espera! Incluso en el grito hostil que lanza tal vez hacia vosotros, el mundo denuncia su propia hambre de verdad, de justicia, de renovación, que solamente vuestro ministerio podrá satisfacer”. Si un sacerdote es necesario siempre, en esta época tan descreída lo es más. Por si os pregunta alguien que para qué hace falta un cura, contestadle que los “presbíteros son hermanos entre los hermanos... puestos en medio de los laicos para llevarlos a todos a la unidad de la caridad y les corresponde armonizar, de tal manera las diversas mentalidades, que nadie se sienta extraño en la comunidad de los fieles. Los presbíteros son defensores del bien común... y al mismo tiempo, asertores intrépidos de la verdad, a fin de que los fieles no sean llevados de acá para allá por todo viento de doctrina” (Concilio Vaticano II, P.O. 9). Un cura es una bendición de Dios.
¿Se nota mucho que os quiero convencer de la importancia y grandeza de ser un sacerdote del Señor? Pues rezad conmigo por los candidatos y por los seminaristas. Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín