A estas alturas del tiempo de Cuaresma, cuando quedan unos días para vivir la Semana Santa, es conveniente volver de nuevo a actualizar nuestros criterios, afianzarnos en la decisión de vivir en plenitud la fe. Partimos del hecho de que Dios nos ha regalado esta gracia, el don de la fe, creer en Dios. La fe como acontecimiento histórico tiene un único punto de referencia: la persona de Cristo, el Señor. Se trata de la fe en una persona, fe con fundamento histórico, fe que no depende de ninguna ideología. Nuestro Señor es la promesa de Dios cumplida, hecha desde antiguo a nuestros padres, es el "Redentor universal". Acabamos de escuchar en la segunda lectura, que Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo a obedecer y se ha convertido, para todo el que cree y le obedece, en autor de salvación eterna.
Jesucristo es la única respuesta que podemos dar a este mundo en donde han fracasado las ideologías; es la respuesta que deshace como el humo la “fuerza” de los que se han montado en el caballo del relativismo y, como Atila, han pretendido destrozar todos los valores cristianos y dejar indefensos a los creyentes, a merced de los manipuladores interesados de este mundo. Jesucristo nos abrirá nuevas posibilidades y dará mayor sentido del don de la vida y del camino de la unidad a todo aquél que lo perdió y a quién, desde la sinceridad de su ser, se ha puesto en búsqueda de la verdad.
Jesucristo es el fundamento de nuestra fe, “lo he glorificado y volveré a glorificarlo” ha sido la voz del Padre, pronunciada para nosotros, para que creamos en Él, para que le escuchemos y le sigamos. El texto evangélico destaca vivamente el signo que nos da Jesús: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, no puede dar fruto”. La glorificación debe pasar por la Cruz. Creer hoy en Jesucristo, muerto y resucitado, es una experiencia personal e intransferible, es un dejarse seducir, como dijera Jeremías, y es un dejarse redimir. Somos conscientes de lo importante que es dejar el camino del mal, dejar de amarse a sí mismo, que esto te lleva a la perdición, al extravío, pero Dios, a través de su Hijo, se ha empeñado en ofrecernos la salvación y quiere que abandonemos el mal.
Creer en Jesucristo es un regalo del cielo, porque el Padre te premiará, supone has has elegido el camino, la Verdad y la Vida, sabes que debes guardar los mandamientos como un primer paso para ser discípulo, para seguirlo e imitarle, "hacerse conforme a Él, que se hizo servidor de todos hasta el don de sí mismo en la cruz. Mediante la fe, Cristo habita en el corazón del creyente, el discípulo se asemeja a su Señor y se configura con Él; lo cual es fruto de la gracia, de la presencia operante del Espíritu Santo en nosotros". Creer en Jesucristo hoy implica promover la vida; creer en Jesucristo lleva a evangelizar, a anunciar el Evangelio; creer hoy en Jesucristo es aceptar que somos, por Cristo, un pueblo de la vida: "Hemos sido redimidos por el "autor de la vida".
Os deseo un feliz domingo y una buena preparación para la entrada en la Semana Santa,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín