La entrada de Jesús en Jerusalén fue un acontecimiento hermoso que había llevado a tantos a acercarse al borde del camino para verle pasar, nos imaginamos que estarían locos de contentos, por la algarabía que formaron, pero desconociendo todo lo que le esperaba a Jesús dentro de los muros de la ciudad santa. Hasta es posible que muchos de los que ahora están lanzando alabanzas sean los que luego griten para que lo crucifiquen… es posible, así es la condición humana. En nuestros días pasa lo mismo, hace pocos días se celebraba el 60º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos con tambores y bombos y diciéndonos a nosotros mismos lo “maravillosos” que somos, y a reglón seguido se hacen leyes que condenan a muerte a las inocentes criaturas, sin permitirles ver la luz y negándoles sus Derechos Humanos… es la condición humana. No quiere decir que eso esté bien, aunque esté envuelto en una ley, porque la vida es más importante que la ley.
No cuenten conmigo para salir al borde del camino y levantar palmas y olivos a las decisiones que irán contra el hombre, que irán contra la imagen de Dios. No me gusta este planteamiento hipócrita, que no reconoce la dignidad de un ser humano, sino que la niega, ¿qué nos queda si rechazamos esta dignidad? ¿Hasta dónde seriamos capaces de llegar para ser “modernos”? No, definitivamente, estoy decidido a ir por otro camino, estrecho y angosto, sin éxitos humanos, pero que lleva a la vida. Yo prefiero la verdad, limpieza, transparencia sobre el valor de la vida humana. Creo que la Palabra de Dios nos pide que nos pongamos junto a Jesús, detrás de Él, que en silencio, sube a Jerusalén sin despegarse de la Voluntad del Padre. ¡Cuánto bien nos hará contemplar los días de la Semana Santa de Jesús! Si, contemplarle, callados, pero con los ojos bien abiertos, porque Dios nos está dando una gran lección. En su Nacimiento lo pudimos ver débil, humilde, frágil y en un pesebre; ahora, treinta y tres años después,{f2 le seguimos viendo débil, humilde y frágil, pero en una cruz… y no ha fracasado, porque vencerá la muerte y nos hará partícipes de la Vida.
Queridos amigos, ante la Semana Santa de Nuestro Señor, hagamos una morada a Dios en el fondo de nuestro corazón, para que pueda venir Cristo a enseñarnos; busquemos la verdad y la paz y Él te hablará en lo hondo de tu ser, la suavidad divina te inundará, que donde no existe la inspiración y la unción divina, no llena nuestra alma el ruido exterior de la palabrería. Esto es lo que hemos aprendido del Evangelio, si el agricultor trabaja por fuera, riega y cultiva con cuidado, por mucha que sea su solicitud, ¿acaso forma él el fruto o hará crecer las hojas y las ramas?¿puede llegar su actividad al interior? Debe saber el labrador que quien da el crecimiento es el Señor… Busca, pues, espacios para la oración, encuéntrate con el Señor en los Santos Oficios, gusta de Jesús Sacramentado, en el silencio de una iglesia, que Dios habla a los que preparan su corazón. Pero te advierto que si abriste antes el corazón al demonio, no te extrañes si no entiendes el lenguaje de Dios, porque son idiomas diferentes… El mejor consejo es el de San Agustín: “es necesario que te despojes de lo que estás colmado para que puedas ser lleno de lo que estas vacío” (In Ps.136 9-10). Pídele a Dios el don de la fe para poder comenzar a caminar o para levantarte e ir tras las huellas de Jesucristo
El auténtico y más seguro guía es el Señor, ´camina por sendas estrechas y angostas, pero conducen a la Vida. Si nos apartamos de él a dónde iremos… Preparadle sitio a Dios en lo más hondo de vuestro ser. Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín