Despertad y ved el verdadero rostro del Señor

 

¡Despertad, vamos, despertad todos que el Señor Resucitado sale al camino de la vida y nos habla! El encuentro con Él es determinante para cualquiera de nosotros, porque nos trae la paz. No lo hace por sorteo, ni depende de las más o menos cualidades que nos adornen, no hay que esperar la suerte de los afortunados para poderle ver, elegido entre millones de candidatos. Jesucristo ha tomado la iniciativa y camina contigo, ¡qué afortunado eres! ¡Este es el mensaje del Evangelio de hoy, vamos, abrid los ojos para ver al Señor en la calle, en tu casa, en el trabajo o hasta en los atascos de la carretera…! Jesús ha Resucitado y está presente en nuestro mundo, se acerca a ti, lleva Él la iniciativa, camina junto a ti y te anuncia que Dios te ama, te ofrece su misericordia, el perdón, la paz, la Vida eterna…

Acabamos de escuchar cómo se acerca a dos discípulos que andaban huyendo, aunque discutiendo acerca de los acontecimientos de la muerte del Señor en Jerusalén. Dice el texto que camina con ellos, que establece un sencillo diálogo que les provoca un hablar bien de Jesús, manifiestan la admiración por sus palabras y signos… y se lamentan que todo acabara en la crucifixión, ¡Menuda fe la de esta pareja! No digamos su débil  esperanza, que le veían como un posible libertador de Israel, y hasta eso se les esfumó. Jesús les denuncia su ceguera, sus oídos cerrados, que no entendieran nada y sólo se quedaran en el discurso humano: “era muy buena persona, tenía mucho poder de seducción con sus palabras y grandes obras, pero lo mataron y aquí terminó la historia. Nuestro gozo en un pozo”. El testimonio de las mujeres lo desestimaron, era lo normal en su sociedad; mostraron extrañeza porque “algunos de los nuestros” comprobaron el relato de las mujeres, pero como a Él no le vieron, dejaron estar las cosas.

Os propongo sacar un poco de tiempo y que leáis despacio el Evangelio, ya veréis cómo cualquiera de nosotros puede estar retratado en esta narración, cualquiera de nosotros es uno de los que salen huyendo, si, hasta confesar que el Señor es grande… pero que su muerte lo ha paralizado todo. También es grave que podamos estar rechazando las señales de la resurrección y de vida porque nos las dan los que consideramos débiles, pensando que no puede venir de ellos la verdad. Si sucediera esto, nos habríamos cerrado tontamente a la salvación. Pero aún hay más oportunidades, Jesús tuvo que reconstruir la confianza de los de Emaús, la historia de la salvación planteada por Dios, con una paciencia infinita y con un gran amor misericordioso… y les abrió los ojos hasta que se dieron cuenta de que era el Señor: por medio de su palabra y por medio del signo de la Fracción del Pan. ¿No crees que Él puede hacer lo mismo contigo hoy?

Hay que ver lo sencillo que es fiarse de Dios y las múltiples oportunidades que nos da todos los días para creer. Me maravilla cómo el divino caminante les acerca y les hace gustar la Palabra de Dios, donde encontrar la razón de la verdadera fe, la Verdad y la Vida, para saber de Él, para conocerle mejor. Otro aspecto importante es que les da oportunidades para que practiquen la hospitalidad, la caridad y cómo les ha valido esta virtud para alcanzar la gracia de la fe. En tercer lugar,  les ha caercado la Fracción del Pan, una dimensión eucarística, sin duda. En la Eucaristía todos tenemos delante al Señor, le reconocemos y le damos gloria por la salvación que nos regala, por el alimento de su Cuerpo y de su Sangre. Aquí se encontraron con Él, en la Eucaristía le reconocieron e inmediatamente salieron a dar testimonio de que estaba vivo. Verdaderamente es maravilloso cómo el episodio de Emaús se repite tantas veces, causando admiración y despertando la fe. Aprovechad la Palabra, la Eucaristía y la caridad vividas con amor y respeto, porque son lugares de encuentro del Señor. Que os bendiga y os conceda la fe y la misericordia.


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín



 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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