Entre el olor del incienso, el perfume y el color de las flores, rociados con el agua bendecida rememorando nuestro Bautismo, e iluminados por la luz de la Resurrección de Cristo hemos comenzado la Pascua, una vida nueva, otra etapa en el seguimiento de Jesucristo. Ciertamente que nos han ayudado los días previos de la Semana Santa y toda la Cuaresma para entrar en el Misterio. ¡Qué hermosa ha sido la Palabra de Dios y cómo resonaba en lo más hondo de nuestro ser! Seguro que más de uno habrá dicho para su interior, “¡Dios mío, qué bien se está aquí!”. ¡Estamos en Pascua florida y Dios no se cansa de mandarnos sus mensajes de amor y eternidad!
La Victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte cala muy adentro, allí donde es imposible el engaño, donde está la verdad y nos da fuerzas para seguir caminando. El Señor siempre nos llama, ahora veremos cómo los discípulos seguían a Cristo, recorrían, siguiendo sus pasos, el camino trazado por Él. Pero el Señor no se limitó a pedir a sus discípulos que compartieran con Él un tiempo limitado, sino que confiaran en Él totalmente, que se adhirieran a su persona, hasta el extremo de compartir su destino. Queridos amigos, esto es importante, seguir a Cristo no es sólo acompañarle un rato, sino estar unido a Él, con unos lazos tan auténticos que sólo los tiende y los acepta el que ama de verdad. Debemos aspirar a la comunión tan perfecta que Nuestro Señor Jesucristo mantiene con el Padre. Los relatos del Evangelio, especialmente los de las apariciones, nos hacen comprender el papel que juega la fe, creer en Cristo, que necesariamente implica un determinado comportamiento, las obras de la fe.
Veréis como llama la atención el cambio interior que se produce en el discípulo ante el encuentro con Jesucristo resucitado, es algo espectacular, que sólo se entiende desde la fe y desde la experiencia de que algo nuevo se está produciendo, el poder del Resucitado les transforma por dentro y son capaces de reaccionar de una manera inexplicable, pero más rápida y con más convicción que en otros intentos que hubieran hecho anteriormente, hasta tomar conciencia de que ha sido el encuentro con el Resucitado. Ya veréis el testimonio de los discípulos de Emaús: “¿no ardía nuestro corazón?”.
Es necesario abrir tu interior para que Dios pueda obrar este milagro de la gracia dentro de ti, piensa que después de las apariciones a los discípulos, éstos salieron corriendo a comunicarlo, a decirlo en voz alta a todo el mundo, así se convirtieron en apóstoles. No se cansaban de invitar a todo el mundo a “vivir en Cristo”, a permanecer en el Señor, a “revestirse de Cristo” y participar de cuerpo entero en la Iglesia. Por esta razón se nos insiste a ser continuadores de la misión de Cristo, porque tenemos experiencia de la bondad y misericordia de Dios, somos testigos de su poder y de la obra buena que ha hecho con nosotros. Con nuestras obras y palabras debemos cooperar a extender el Reino de Dios y que todos alcancen la gracia de conocerle y seguirle mediante una vida santa. ¡Feliz Pascua de Resurrección!
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín