Este nuevo tiempo litúrgico que acabamos de estrenar es la ocasión más bella de nuestra vida para el encuentro con Jesucristo. Iremos viendo cómo la experiencia del encuentro con el Resucitado cambia el rumbo de muchos, los acerca al Señor, se cantaran himnos de alabanzas y necesitaran contarlo a todos. Para predicar a Jesús veremos que no necesitara que se obligue a nadie, porque sale solo, será una necesidad. En esta Semana Santa hemos sido testigos del acontecimiento más extraordinario de todos los tiempos: Jesús, en su muerte y resurrección, llevó a cumplimiento la obra de salvación que le había confiado el Padre: la redención humana y la perfecta glorificación de Dios (DV 4). En efecto, “muriendo destruyó la muerte y resucitando nos ha devuelto la vida” (SC 7); El Señor ha vencido la muerte con su resurrección, ha redimido al hombre y lo ha transformado en una nueva criatura (Gál 6,15).
El mensaje de buena noticia es muy grande y está muy cargado de sentido, abre caminos de esperanza para todos los hombres, los de dentro de la Iglesia y los de fuera, porque el misterio pascual es el fundamento de la salvación cristiana, ofrecida a todos los hombres indistintamente, incluso a los que están fuera de los confines jurídicos de la Iglesia. En efecto, incluso éstos tienen la posibilidad de entrar en contacto con él, por la acción del Espíritu Santo (GS 22). Aprovechemos estas semanas de tiempo pascual para dejarnos llevar también de la contemplación, recreando los oídos con la Palabra de Dios, con sencillez de corazón y participemos del gozo de toda la creación con la victoria de Cristo, “El fue entregado por nuestros pecados y fue resucitado por nuestra justificación” (Rom 4,25).
Serían interminables los testimonios de los efectos de la Muerte y de la Resurrección de Nuestro Señor, aunque en todo caso es necesaria la fe y esto lo has de poner tu solo, con la ayuda de Dios que es quien la regala, pero no te olvides de pedírsela a Dios, si ves que te falta. Te ruego que no lo dejes para mañana, que puedas disfrutar desde ya mismo de estos extraordinarios momentos. Mira cómo San Agustín describe estos días centrales para la fe: “Lo mismo que en su muerte se nos siembra, así en su resurrección germinamos. Con su entrega a la muerte cura el delito; con su resurrección nos trae la justicia” (PL 37, 1321). Y disfruta también con estas palabras del Concilio Vaticano II: Cristo en su muerte en la cruz se manifiesta como el siervo de Yahvé que ama a su pueblo, como el buen pastor que ha venido no a ser servido, sino a servir (Mt 20,28) y dar su vida por sus ovejas (Lumen Gentium, 27).
Te recuerdo que en esta semana haremos entrega a Caritas de la Campaña del Diezmo, de lo recogido durante la Cuaresma para ayuda de los hermanos que pasan necesidad. Mantendremos las cuentas abiertas durante este tiempo de Pascua con la misma intención, hasta Pentecostés, por si alguien quiere, voluntariamente sumarse a esta iniciativa. Dios os bendiga siempre
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín