La voz del mensajero

 

Desde lo alto de la atalaya grita el centinela. Pronto comenzara a amanecer y la estética de la noche, con su silencio, se desvanecerá. Se iluminan las ventanas de los madrugadores y rugen los motores de los primeros vehículos dejando sus huellas en el asfalto mojado, la vieja persiana de la panadería se levanta rasgando el alba con ronca voz y en la calle comienza el movimiento de la gente. La misma rutina de cada madrugada y nadie presta oídos al centinela. “Súbete a lo alto del monte, alegre mensajero…; clama con voz poderosa, mensajero…, clama sin miedo y dile a la ciudad: Ahí está vuestro Dios” (Cfr. Is 40,9). ¡Vamos, mensajero, llama la atención de todos y que vean que las tareas y las preocupaciones del día se marchitaran y se secaran como la hierba, pero la Palabra de nuestro Dios permanece para siempre! ¡Dile a todos que Dios da vigor al cansado y al que no tiene fuerzas la energía le acrecienta! ¡Que abran sus ojos al Señor Jesús, a la Luz que amanece e ilumina el día!

Los primeros rayos del sol recorren las calles, devolviéndoles el color que le robó la noche. Presta atención que el Señor sale a tu encuentro: “¿Quieres caminar? Yo soy el camino. ¿Deseas no equivocarte? Yo soy la verdad. ¿No quieres morir? Yo soy la vida”. Si, es la voz del Señor que muy de mañana sale a tu encuentro y te invita a seguirle diciéndote: “Levántate. Yo, que soy el camino, he descendido hasta ti; tú dormías y yo te he despertado. Levántate y anda”. No se te ocurra responderle: “venga, hombre, déjame en paz, que tengo muchas preocupaciones, mucho trabajo, que no tengo tiempo de escuchar más ‘tonterías’, vete”. Si le dices esas cosas te dirá que también a Él le ofrecieron todos los bienes de este mundo, la fama, el poder, el ser más que nadie… pero los despreció, porque eso no es lo importante, que esas cosas no dan la felicidad. Escúchale y te explicará las razones: Te dirá que nació pobre, teniéndolo todo; que no permitió que le proclamasen rey los hombres, porque quiso con la humildad enseñar el camino a todos; que padeció hambre y, sin embargo, les había dado de comer a más de cinco mil hombres, sin contar las mujeres ni los niños; que se hizo sordo y mudo a las ofensas, aunque había abierto a muchos los oídos y les dio la palabra a tantos…

Que no tiemble vuestro corazón, que Jesús se presenta como amigo y sus palabras ahuyentan las inquietudes y los temores, da seguridad y descanso al alma. El que se fie de Él nunca quedará defraudado. El Señor se ha hecho camino y su camino es rectilíneo, lleva necesariamente a la Vida; no lo destruirá la lluvia o los elementos de la naturaleza; no lo asaltaran los ladrones, ni aparecen señales equivocadas o falsas. Por medio de Jesús andarás seguro, sin tropiezos; no desearás mirar atrás, pensando en lo que dejaste; caminarás con confianza, “no perdáis la calma, creed en Dios y creed en mí…”

La determinación es clara, sigue a Jesucristo, Luz del mundo, para no caminar en tinieblas y piensa un poco acerca de la decisión de los apóstoles, que no quisieron descuidar la Palabra de Dios, entretenidos en las preocupaciones del día a día y cómo, dedicados a ella, iba creciendo el número de los bautizados. ¿Por qué no le prestas atención al mensajero? Dios te bendiga,


            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín

 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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