Seguimos disfrutando de la belleza de la fe en este tiempo de Pascua, es que tenemos razones para ello: Por una parte, la naturaleza, que nos está dando señales de que el invierno ha pasado, observamos cómo despiertan infinitos aromas y colores; por otra parte, la Palabra de Dios que nos indica dónde está la Luz, es Cristo Resucitado, luz sin ocaso, fuente de alegría. Esta experiencia la han vivido intensamente los testigos, los amigos y discípulos de Jesús, que han pasado por el dolor de la Cruz, tanta es la alegría que no pueden callar, tienen necesidad de contarle a todo el mundo que la respuesta que buscan está en Nuestro Señor Jesucristo.
Leed con serenidad la primera lectura de este quinto domingo de Pascua, cómo Pablo y Bernabé van de un lugar a otro animando a los fieles y exhortándoles a perseverar en la fe. Detened vuestros pasos y escuchad: “En cada iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor en quién habían creído”. Para cualquiera de nosotros es una llamada muy seria a plantearnos nuestra condición de creyentes, más aún cuando leemos que Pablo y Bernabé no estaban de vacaciones, su vida era para los demás, centrada en el Señor, oraban, ayunaban, animaban, exhortaban… estaban entregados a la causa del Señor. Pero has de saber la segunda parte del mensaje, antes de seguir adelante, me refiero a lo que les decían Pablo y Bernabé a los que oían su predicación: “que hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Ya lo sabias, ¿verdad?, nada más hay que repasar la propia vida para saber lo que cuesta ser fieles a Dios, pero es importante la decisión de decirle, ¡si, cuenta conmigo! Aseguremos la fidelidad.
Por consejo de San Agustín te propongo que edifiques en tu corazón una casa a la que pueda venir Cristo a enseñarte y a conversar contigo. Seguro que me estas entendiendo, es preciso que busques espacios para la oración personal, donde nadie pueda distraerte y escuches la Palabra del Señor, toda entera, busca la paz interior y Cristo habitará en tu corazón y en esa “soledad” tu alma no estará sola, ni tendrá sed, porque el Señor es “la fuente que mana y corre”, como decía San Juan de la Cruz. Tienes que llegar a sentir que eres del Señor, que nadie es tu dueño, más que Cristo, el Buen Pastor y Maestro.
En estos tiempo son muchos los “maestros” que hablan y nos prometen, escucharas muchos mensajes, te propondrán muchas cosas para la felicidad, desde los Medios de Comunicación, tus compañeros de trabajo, los amigos… ¿puedes decirme, con sinceridad, quién de todos ellos llega a colmar tus necesidades? ¿Quién de todos ellos no te lleva por caminos equivocados? No te canses, sólo Cristo te dirá la verdad, porque él es la Verdad; con Cristo no te perderás, porque él es el Camino… Permíteme que te diga que Jesús nos cuenta de un sembrador que siembra la semilla en un terreno bien preparado, pero el crecimiento de ella no depende del que la ha sembrado, el crecimiento lo da el Señor. Yo te puedo predicar, hablar de mil maravillas, podrás oír muchas palabras venidas de acá o de allá, pero es el Señor el que enseña, el que instruye, el que da el crecimiento y el coraje para ser testigo. El que planta o riega trabaja por fuera, pero el Señor es que trabaja por dentro de cada uno. Dios quiera hablarte, pero si tienes cerrado el corazón, no le eches la culpa a la llave, mira antes no sea que el demonio sea el dueño de tu corazón. Entra en lo más hondo de tu ser y purifícalo, purifica tu conciencia, pide perdón de tus pecados… y entonces encontrarás allí a Cristo, y él te hablará.
Te deseo cordialmente que las señales que des en la vida sean de amor a Dios y al prójimo.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín