Las respuestas del Señor

 

Con el espectáculo del color esperanza derramado sobre nuestros paisajes vamos agotando las semanas de pascua. En este domingo celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos y la exhortación imperativa de Jesucristo a ponernos en marcha. Es un momento muy interesante de la vida de la Iglesia, porque se trata de comenzar a abrir caminos, al estilo de Jesús. Los apóstoles conocían las maneras de actuar el Señor, las enseñanzas y la Palabra que predicó; les era notorio lo vivido cerca del Maestro, la exquisita obediencia al Padre, su auténtica y constante oración; también sabían de persecuciones, de su admirable humildad; habían sido testigos de los acontecimientos de dolor y muerte en Cruz y, sobre todo, podían certificar que lo habían visto Resucitado. Pero ahora comienzan tiempos nuevos, serán ellos los que deban abrir nuevos surcos.

Los discípulos tienen un campo muy amplio de trabajo y lo saben, pero el Señor se les adelanta para que no se atemoricen: “Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”. Les está diciendo que no teman, que lo que va a suceder será obra de Dios, no de ellos, aunque ellos serán los primeros en sorprenderse de las maravillas que hará Dios a través de sus personas. Las primeras comunidades cristianas han nacido fundamentalmente por la fe en Cristo Jesús, a quién se reconoce como el Mesías, el Señor exaltado. La fe de estas comunidades se deja ver por las distintas manifestaciones que dan de cara al exterior: predicación, el testimonio de vida…

No es distinto el proceso hoy, de aquí la importancia que nos replanteemos nuestra vida de apostolado. Quizás un peligro que nos acecha y no nos damos cuenta sea, el que denunció el mismo evangelista San Lucas, constatar un cierto cansancio de la comunidad cristiana, bien por el largo recorrido que llevamos, o bien, por haber tenido que soportar tantas dificultades, con el peligro de caer en monotonía rutina y en el riesgo de la inconstancia. Me vais a permitir que diga que el peligro es real, que se les ve a muchos como desmotivados y arrastrados, por el ritmo del mundo y de la sociedad hacia las tranquilas orillas de la comodidad y justificándose en “que no tenemos arreglo”. Queridos amigos y hermanos, si alguno se encuentra en este estado, es necesario despertar, porque el mismo mensaje evangélico, del que somos portadores, nos da seguridad, garantía y confianza de que estamos en la verdad. La garantía y solidez de lo que creemos nos viene del Espíritu Santo, recordad que en los Hechos de los Apóstoles es presentado como principio activo, ya en la misma inauguración del ministerio terrestre de Jesús (Ac 4,1.14).

Comencemos a sacar conclusiones: 1) Ante la invitación del Señor en la Ascensión, tenemos que recorrer nuestro propio camino, haciendo la voluntad del Padre, iluminada por el Espíritu y la Palabra, en un contexto de oración; 2) Jesucristo en el único Salvador, a pesar de que en los Medios de Comunicación te propongan muchos “salvadores”; 3) Debemos  afrontar el hoy de cada día con paciencia (Lc.8,15; 21,19) y con perseverancia (Ac.1,14; 6,4; 2,42.46), todavía es tiempo de conversión (Ac.2,27.38; 17,30). 4) Saber que por medio de las tribulaciones se llega al Reino de Dios (Ac.14,22) y 5) Estar vigilantes, para no caer en la tentación.

Habréis podido observar que celebramos hoy “La Jornada Mundial de las Comunicaciones”, con toda la importancia que tienen los Medios. Os ruego a todos que recéis al Señor por todos los profesionales de la Comunicación para que en sus criterios de trabajo se ajusten siempre a la verdad, respeten siempre la dignidad del hombre y sean sus más ardientes defensores. Con mi agradecimiento y oración,


 
            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín

 

 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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