El Óbolo de San Pedro

 

Ocurre que este domingo del tiempo ordinario está tan cerca de la Solemnidad de San Pedro y de San Pablo que es necesario dirigir nuestra mirada hacia los dos apóstoles, columnas de la Iglesia y testigos de la Resurrección del Señor. Hoy reconocemos cómo el Señor hace las cosas bien y cómo, por la predicación de ellos, su fe viva y su vida entregada a los planes de Dios, reconocemos, con agradecimiento, que nuestra fe está fundamentada en ellos. También en este día la Iglesia católica celebramos el día del Papa, el nuevo Pedro, que continúa el ministerio apostólico de confirmar en la fe a los hermanos. La tarea de Pedro consiste precisamente en no dejar que esa fe enmudezca nunca, en fortalecerla siempre de nuevo, ante la cruz y ante todas las contradicciones del mundo, hasta que el Señor vuelva.

Pedro recibió del Señor un encargo difícil, porque nos conoce desde lo hondo de nuestro ser, pero le aseguró que no le faltaría su ayuda y Pedro se fió de nuevo. Le confió la tarea de apacentar su rebaño, cuidar a su Iglesia, vigilar para proteger la comunión universal y mantenerla presente en el mundo como unidad también visible. Como dice san Ignacio de Antioquía, él, juntamente con toda la Iglesia de Roma, debe presidir la caridad, la comunidad del amor que proviene de Cristo y que supera siempre de nuevo los límites de lo privado para llevar el amor de Cristo hasta los confines de la tierra.

El Papa Benedicto XVI, en una homilía, con motivo de esta Solemnidad, dijo cosas muy bellas, especialmente nos hace una llamada a todos a la responsabilidad, a tomarnos en serio nuestra vida de testigos, a vivir fielmente el proyecto de Dios y a no apartarnos nunca de la Verdad de Dios. Decía el Papa: “La acción de la Iglesia sólo es creíble y eficaz en la medida en que quienes forman parte de ella están dispuestos a pagar personalmente su fidelidad a Cristo, en cualquier circunstancia. Donde falta esta disponibilidad, falta el argumento decisivo de la verdad, del que la Iglesia misma depende… Queridos hermanos y hermanas, como en los inicios, también hoy Cristo necesita apóstoles dispuestos a sacrificarse. Necesita testigos y mártires como san Pablo: un tiempo perseguidor violento de los cristianos, cuando en el camino de Damasco cayó en tierra, cegado por la luz divina, se pasó sin vacilaciones al Crucificado y lo siguió sin volverse atrás. Vivió y trabajó por Cristo; por él sufrió y murió. ¡Qué actual es su ejemplo!”

El Romano Pontífice es para nosotros, como dice el Concilio Vaticano II, "el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles" (LG 23). Os pido encarecidamente que recéis por las intenciones del Santo Padre y por los frutos de su Ministerio Apostólico de comunión y unidad. También para esto se necesita dinero, por eso os ruego que colaboréis a sufragar los servicios pastorales de la Santa Sede, de los que salen beneficiadas todas las diócesis del mundo, especialmente las de países mas pobres. Sed generosos a la hora de colaborar. Os bendice

            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín


 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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