"La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor" (n. 29), como ha indicado el Papa en su primera Encíclica “Deus caritas est” (25 de diciembre de 2005). Creo que a nadie le resulte extraña la justificación de esta llamada a compartir, puesto que en el corazón de la Iglesia está siempre presente la llamada a la caridad. En la misma Encíclica seguimos encontrando las razones para este comportamiento creyente, porque es una ayuda animada por el amor de Dios. Así lo expresa el Papa: “Por tanto, es muy importante que la actividad caritativa de la Iglesia mantenga todo su esplendor y no se diluya en una organización asistencial genérica, convirtiéndose simplemente en una de sus variantes” […]. “El programa del cristiano – el programa del buen Samaritano, el programa de Jesús – es un « corazón que ve ». Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia”. (ibíd., n. 31).
Los donativos de los fieles al Santo Padre se emplean en obras misioneras, iniciativas humanitarias y de promoción social, así como también en sostener las actividades de la Santa Sede. El Papa, como Pastor de toda la Iglesia, se preocupa también de las necesidades materiales de diócesis pobres, institutos religiosos y fieles en dificultad (pobres, niños, ancianos, marginados, víctimas de guerra y desastres naturales; ayudas particulares a Obispos o Diócesis necesitadas, para la educación católica, a prófugos y emigrantes, etc.). Ya se puede comprobar la importancia de compartir, precisamente por la solicitud de la Iglesia universal, que tiene el Santo Padre. "El Óbolo de San Pedro, explicaba Benedicto XVI, es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Es un gesto que no sólo tiene valor práctico, sino también una gran fuerza simbólica, como signo de comunión con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos…" (Discurso a los Socios del Círculo de San Pedro (25 de febrero de 2006).
La llamada a la generosidad, en este día del Papa, no es una moda nueva, no es un fenómeno de estos días, sino que se trata de una antiquísima tradición, vinculada a la colecta organizada por el propio san Pablo para socorrer a los pobres de la Iglesia madre de Jerusalén (cfr. 2Co 8, 1ss). Leed el texto y veréis qué fuerza tiene y qué ganas de ser mejores nos da, cuando se escucha en lo hondo de tu alma esto: “No es una orden; sólo quiero, mediante el interés por los demás, probar la sinceridad de vuestra caridad. Pues conocéis la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza”. (vv. 8-9).
Termino con una sentencia del Señor, que está recogida por el Evangelista Lucas en los Hechos de os Apóstoles: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hch 20, 35), deseando que vuestras vidas de creyentes sean ejemplo por la fe y por la caridad. Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín