Acabamos de comenzar las vacaciones y muchos de vosotros estaréis viendo las posibilidades del merecido descanso. Es un tiempo propicio para replantease los fundamentos del propio estilo de vida, a la vez que gozas de la naturaleza. Desde luego que sería una ocasión para felicitar a los que buscan actualizar responsablemente las motivaciones de la propia fe cristiana, porque observamos, a velocidades alarmantes, un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales que es muy preocupante. Si nos dejamos llevar de la inercia o de la desmotivación, si no nos preocupamos por formarnos adecuadamente en la sana doctrina, en cualquier momento todo se nos puede hundir bajo los pies. Por eso no os olvidéis de leer la Palabra de Dios, de asistir a la Eucaristía y sacad tiempo para el estudio y la reflexión.
Las lecturas de la Palabra de Dios de esta semana nos están animando a no tener miedo, a seguir el camino de Jesús con perfecta alegría, ya que esta nos acerca a la fuente de la Vida, a Dios. La incapacidad de alegrarse supone y produce la incapacidad de amar, provoca la envidia, la avaricia - todos los vicios que desbastan la vida de cada uno y del mundo. Aunque sea a pasos cortos, pero hay que caminar, las grandes cosas empiezan siempre con humildad. Quiero resaltar el papel de las mujeres, como nos recuerda R. Cantalamesa, que vivieron de cerca la experiencia de la muerte en Cruz de Nuestro Señor. ¿Por qué las mujeres resistieron al escándalo de la cruz? ¿Por qué se le quedaron cerca cuando todo parecía acabado e incluso sus discípulos más íntimos le habían abandonado y estaban organizando el regreso a casa?
La respuesta la dio anticipadamente Jesús, cuando, contestando a Simón, dijo acerca de la pecadora que le había lavado y besado los pies:«¡Ha amado mucho!» Las mujeres habían seguido a Jesús por Él mismo, por gratitud del bien de Él recibido, no por la esperanza de hacer carrera después. A ellas no se les habían prometido doce tronos, ni ellas habían pedido sentarse a su derecha y a su izquierda en su reino. Le seguían, está escrito, para servirle; eran las únicas, después de María, su Madre, en haber asimilado el espíritu del Evangelio. Habían seguido las razones del corazón y éstas no les habían engañado. Podemos estar seguros que nunca faltaran personas que nos den este firme ejemplo de fidelidad, seguros de hombres y mujeres que se fían del Proyecto de Dios y edifican, con sus vidas ejemplares, la sociedad; asentados en la verdad, en la justicia, en la responsabilidad diaria; en el respeto del hombre, imagen de Dios; defensores del bien común y trabajadores incansables.
En sí, el ejemplo de las mujeres del Nuevo Testamento, cercanas al Crucificado y al Resucitado contiene una enseñanza vital para nosotros hoy. Nuestra civilización, dominada por la técnica, tiene necesidad de un corazón, de un corazón samaritano, para que el hombre pueda sobrevivir en ella, sin deshumanizarse del todo. Debemos dar más espacio a las razones del corazón, por eso es necesaria la formación: “No perdáis el tiempo, decía Juan Pablo II, profundizad en los motivos y fundamentos de la fe en Cristo y en la Iglesia, para ser fuertes ahora y en vuestro futuro” (24-III-1979). El próximo curso seguiremos ofreciendo la posibilidad de crecer en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, con los cursos de formación que presentará la Diócesis y con el Catecumenado de adultos.
Os deseo la paz del Señor y la fortaleza de la fe. Con mi bendición,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín