Los pastores que quiere el Señor

 

Me alegra mucho escuchar las lecturas de este domingo, porque nos interpelan a todos acerca de la identidad de nuestro ser cristianos, como evangelizadores, y nos interroga con fuerza los consagrados. Decía el Papa, Pablo VI, que la Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y que esta es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada, por eso envía a evangelizar. La misión de la Iglesia es continuar  la misión de Jesucristo. Está claro cómo el Señor se entregó totalmente al anuncio de Reino, lo acabamos de escuchar en el Evangelio, que no tenía tiempo ni para comer.

Me parece oportuno centrarme en la llamada que hace el Señor para el servicio de la evangelización: “Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis”  (Jn15,16). El responsable de la llamada es el Señor siempre y la respuesta del llamado no puede ser otra que comprometerse con todas sus fuerzas y todo su ser en el servicio. Pero no debemos olvidar que la naturaleza humana es frágil y débil, por lo que siempre se debe estar en guardia para no decaer, es decir, para no buscar nuestros intereses, sino los de Dios.

San Agustín advertía que hay pastores a quienes les gusta que les llamen pastores, pero que no quieren cumplir con el oficio, y les denuncia porque se buscan a sí mismos. Evidentemente que esto es grave, mirarse a sí mismos y no a los que se le encomiendan, es grave. La gravedad es que no les importa el interés de Dios, la Voluntad de Dios. Esta situación puede ser frecuente y muy fácil de llegar si descuidamos nuestra esencia, la identificación con Cristo, único modelo. El mismo San Agustín nos animaba a escuchar al Señor, que nos ayudará a decir cosas verdaderas en vez de decir cosas que sólo sean nuestras. (cfr. Sermón 46, sobre los pastores).

A propósito de las lecturas de hoy, con la fuerza que tiene haber comenzado un Año Jubilar sobre el sacerdocio, debemos pedir al Señor por todos los sacerdotes, pero todos los días, en oración personal o comunitaria, para que no renuncien a su condición de hombres de Dios, que pertenecen a Dios y hacen pensar en Dios. La tarea sacerdotal no sólo es acoger, escuchar con gusto, mostrar una sincera amistad… lo que se le pide al sacerdote es que ayude a mirar a Dios, a subir hacia Él. Esta idea tenía el santo Cura de Ars, “Te enseñaré el camino del Cielo" habíacontestado al pastorcillo que le mostró el camino de Ars, es decir, te ayudaré a convertirte en un santo. "Allí donde los santos pasan, Dios pasa con ellos”, precisará él más tarde.

Podemos parafrasear la célebre frase de K. Rahner. “el cristiano del futuro o será un místico o no será cristiano”, afirmando: “el sacerdote del futuro o será un místico, es decir, alguien que sabe saborear el misterio de Dios, o no podrá anunciar a Jesús”. Esta es su tarea, con la fuerza del Espíritu, predicar, anunciar la belleza de la fe, la alegría de ser de Cristo, “que el fuego del Evangelio arda dentro de vosotros, que reine en vosotros la alegría del Señor. Sólo podréis ser mensajeros y multiplicadores de esta alegría llevándolaa todos, especialmente a cuantos están tristes y afligidos”, decía Benedicto XVI.
Que os bendiga Dios

            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín


 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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