Hace oír a los sordos

 

Volvemos de las vacaciones, después del merecido descanso, con ilusión, pero con deseos de recuperar la normalidad de la vida diaria, también con deseos de potenciar la experiencia de fe que nos acerca a Dios y a los demás. Recibid, desde este rincón de Semilla Evangélica la más cordial bienvenida y mis mejores sentimientos de que crezcáis este nuevo curso en santidad, para lo cual será necesario poner algo de nuestra parte y qué mejor consejo que el de la Palabra de Dios de hoy: sed fuertes, no temáis, mirad a vuestro Dios que viene en persona y es capaz de dar la vista al ciego y de abrir los oídos al sordo… Tened confianza.

En el Evangelio de este domingo nos narra una escena de curación y resalta la forma de hacer las cosas Jesús, con sencillez, pero con fortaleza y poder, alejado de todo espectáculo, se retira, en solitario, lejos de la gente, a Él le gusta el contacto personal con el enfermo. La palabra de Jesús tiene la misma fuerza creadora que se narra en el libro del Génesis, como la de Dios en el Antiguo Testamento, lo que provoca admiración entre los presentes. El Señor le abre a este hombre los sentidos que habían permanecido cerrados, los abre para Dios y para los demás y le comunica con la vida. Dios lo puede hacer y nos lo muestra para potenciar nuestra débil fe. Otro dato para la misma confianza lo encontramos en la primera lectura, en las poéticas descripciones de Isaías: “Han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial; los oídos del sordo se abrirán, la lengua del mudo cantará”. Para Dios nada hay imposible.

En la aventura del hombre y su relación con Dios, nosotros vamos desde la necesidad y Jesús responde desde el amor. Jesús libera del infierno de la mutua cerrazón, viene a abrirnos unos a otros, a hacer posible un amor humano. “Una vida sólo la hace buena un buen amor”, decía San Agustín. El enfermo que se acerca a Jesús es siempre representante del dolor y la esperanza de la humanidad entera, es la descripción simbólica de nuestra indigencia. El gesto de Jesús es como un sacramento del amor de Dios que significa la Plenitud que él da, es un signo de la vida que se suscita en el corazón de todos los hombres.

Aprovecharé este momento para agradeceros vuestras oraciones y todas la muestras de afecto, por la tarea que me encomienda el Santo Padre, Benedicto XVI, en la Diócesis de Cartagena. Personalmente estoy muy agradecido al Papa, por la confianza que ha depositado en mi persona, pero también lo estoy con los diocesanos de Teruel y de Albarracín, con quienes, durante cinco años y medio, he caminado, anunciando el Evangelio del Reino de Dios y me he sentido muy acogido entre vosotros. Por otra parte, me siento muy feliz por la fantástica acogida en la Diócesis de Cartagena y por los buenos deseos tanto de los sacerdotes como de los laicos. Que Dios os bendiga a todos, os tengo presentes ante el Sagrario. La Paz.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena y Administrador Apostólico de
Teruel y de Albarracín

 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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