Tener fe es más importante que vivir

 

En este mundo nos dan muchas soluciones para arreglar las cosas, caen de todas partes miles de remedios para todos los problemas, nuevas formas, maneras, nuevos estilos: desde ese papá del anuncio que lo arregla todo, todo; un café de la alegría; una marca de agua que da la vida… hasta el último aparato que te remplaza en tus obligaciones, mientras tú puedes estar en “tus diversiones”. Así las cosas, no deberían haber preocupaciones por nada, bastaría con oír la radio, encender el televisor y ya estaría… Pero la realidad es contundente y nos despierta de los sueños.

La vida no es un sueño, es para vivirla, pero no de cualquier forma, sino con responsabilidad, sabedores de la verdad de nuestro ser y del ser del mundo, conocedores del sentido del dolor y de la muerte, del bien y del mal, de nuestra libertad, de nuestro destino último y de la existencia y esencia de Dios. Es importante entender que el Creador nos ha dado autonomía para gestionarnos, pero que nuestra autonomía es limitada, porque necesitamos a los demás y necesitamos al Creador. Nuestra vida es un regalo de Dios y tiene mucho sentido cuando es vivida con los otros, aunque para entender esto se necesita la fe.

El testimonio de los santos y de los mártires es ejemplar, porque nos han desvelado, con sus vidas heroicas, la fuerza de la obediencia a Dios en situaciones delicadas y dolorosas y cómo han preferido la defensa de la fe, antes que la propia vida. Nuestra Iglesia española tiene la oportunidad de dar gracias a Dios por los 498 mártires que se sumaran, en este mes de octubre próximo, al número de los beatos, por defender la fe y saber morir perdonando a sus enemigos.

La fe es la adhesión personal del hombre entero a Dios que se le revela. Creer es entregarse a la Verdad por la confianza que nos inspira la Persona que nos habla. Jesucristo es la Verdad, el Camino y la Vida. La fe consiste en una relación íntima con Cristo, una relación basada en el amor de quien nos ha amado primero y se ha entregado a una muerte de Cruz, por nosotros. Esta es la respuesta más adecuada a quien ha derramado, por nosotros, hasta la última gota de su sangre: un corazón abierto, entregado y misericordioso, como vemos en las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo. Debemos fiarnos de Jesús, incluso en los momentos de prueba, seguirle siempre por el camino que conduce a la Vida, aunque este sea estrecho o debas cargar con la cruz, porque Dios no defrauda. El Papa, Benedicto XVI, nos decía que si confiamos en Cristo no perdemos nada, sino que lo ganamos todo, porque en sus manos nuestra vida adquiere su verdadero sentido.

Si confiamos en Dios aprendamos a ser misericordiosos, como lo es Él, porque la misericordia es el amor en práctica. Las tres lecturas de hoy nos hacen entender este maravilloso valor, que nace de la caridad y tiene su recompensa: “Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzaran misericordia” (Mt 5,7).

Que el Señor os conceda una vida santa.

          
            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín

 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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