Ahora estamos en un momento de gracia del Señor, precisamente cuando muchos se quejan de desencanto, de estar de vuelta de muchas aventuras y con las esperanzas perdidas, de haberles defraudado los sistemas, proyectos, ideologías humanas. No era tan fácil asegurar la felicidad humana por caminos torcidos o falseando la verdad, como les habían prometido. Ahora, que muchos vienen cabizbajos por la amarga experiencia de un fracaso anunciado, es cuando hay que salirles al paso para decirles dónde está el camino de la Vida, dónde el verdadero sentido de nuestra existencia. Este momento es excelente para anunciar a Cristo, al Salvador.
La predicación de Jesús la comenzó invitando a volver la mirada hacia el Padre: "El Reino de Dios está cerca; arrepentíos". Así nos lo cuenta el evangelista Marcos, que el Señor gritaba a todos que volvieran a retomar el camino de Dios, sencillamente, que volvieran a pensar, a tener nuevas ideas, cambiar de pensamiento, del modo de ver. El "arrepentimiento" es como un reajuste de las ideas y de las emociones y que si lo hacen así, van a encontrar otras motivaciones para seguir en esperanza, nuevos modelos de vida y de comportamiento. Fíjate bien, Jesucristo no calló, ofrecía posibilidades de salvación sabiendo los riesgos que tenía, sin embargo, ¡mira lo que nos cuesta a nosotros hablar de Dios, del perdón de Dios, de su misericordia!, ¡mira que somos lentos!
¡Venga, vamos, que hay poco tiempo y nos jugamos la vida eterna! Sal y dile al que ha explotado al pobre, al que ofrece alimentos podridos a buen precio, al que juega con la dignidad del otro, al que enseña falsedades, al que pensaba que el fin justifica los medios y no ha tenido escrúpulos en mentir, en vender humo… que está a tiempo de mirar al Señor, como Pedro, para alcanzar el perdón. De acuerdo que esta sociedad está montada así, que te va a costar salirte de esta corriente, pero ¿habrá que hacerlo algún día si amas la verdad? Te aseguro que no te costará si confías en la fuerza del Evangelio, porque tienes la garantía de la Palabra de Dios y el poderío que te regala el Espíritu Santo.
Os confieso que esta semana pasada me emocionó una experiencia preciosa, actual, llena de vida: un grupo de más de veinte jóvenes, profesionales todos, arquitectos, abogados, ingenieros… bajo el trono de la Virgen de los Dolores, llevando a la Madre de Dios por las calles de su ciudad. Delante iban sus mujeres y novias iluminando la carrera con velas encendidas en sus manos. El párroco me decía miles de alabanzas de esos jóvenes hombres y mujeres, porque se habían tomado muy en serio sus vidas y, entre las dificultades de cada día, estaban en el ejercicio de “volver a pensar” sobre su fe. Un aplauso para vosotros, amigos y amigas, que habéis tenido el coraje y la osadía de nadar contracorriente y, sin ofender a nadie, estáis demostrando que hay un futuro de esperanza, de color, de vida, porque aún hay gente que busca la verdad.
También a mí me gustaría fundar cofradías anónimas con todos los que estuvieran dispuestos a seguir los pasos de Jesús, teniendo como modelo que imitar a su Madre, María. Mientras tanto, rezaré por vosotros.
Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín