La liturgia de este domingo XXVI del tiempo ordinario nos da pie para potenciar una tarea importante del cristiano, la de la evangelización, para esto nos ha llamado el Señor, para llevar la Buena Nueva a todos. Evangelizar es ofrecerla Buena Noticia que se presenta a sí misma como el principio más hondo de salvación para el hombre. Y esa Buena Noticia consiste en que Jesús, el Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien y que fue crucificado, está vivo, presente y operante en los que creen en El para transformarlos en hombres nuevos, a su propia imagen.
La tarea evangelizadora es necesaria para ofrecerle a toda persona, que quiera tomarse la vida en serio, la forma de vida de Jesús como modelo de humanidad plena y como fuerza capaz de transformar al hombre desde dentro. Pueden evangelizar los que antes han sido evangelizados. Es decir, sólo pueden ofrecer la forma de vida de Jesús los que han tenido la experiencia de fe de que Jesús es una persona real y viviente, presente en la comunidad y en la propia vida. Evangelizar es siempre testimoniar "lo que hemos visto y oído".
Y sólo se puede evangelizar con el mismo estilo de Jesús, es decir, invitando y no imponiendo, desde la pobreza y nunca desde el poder, estando dispuestos a cargar con la cruz, en una palabra, amando a las personas hasta las últimas consecuencias.
Alguno se preguntará si evangelizar es necesario en nuestra ciudad o pueblo con tantas tradiciones y raíces cristianas… esto tiene una respuesta sencilla, porque constatamos, que a pesar de vivir en una nación con larga tradición cristiana, tiene estratos más o menos amplios y profundos que ya no están impregnados del Evangelio, sectores amplios que desconocen la fe cristiana o se han alejado de ella, grupos que no han personalizado la fe -por el ateísmo, la visión secularista de la vida, el relativismo, indiferencia religiosa, consumismo...-, estas entre las causas externas. Pero hay otras causas no menos importantes, que son internas, es decir, que cargan directamente sobre nuestra responsabilidad y son: incoherencia de vida de los cristianos, cerrazón y rutina en nuestras comunidades, los pecados personales y sociales que cometemos... La condición humana necesita oír de nuevo la invitación a la conversión, ver el corazón de Dios, sentir el calor de la caridad que nace del evangelio y seguir al Señor todos los días, gustando de su Palabra. Para esto se necesitan los evangelizadores.
El Espíritu Santo es quien nos ayuda a ser fieles a designio de Dios, el que nos da la fortaleza para no cansarnos… Recordad las palabras del profeta Isaías: "Reposará sobre él el Espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Dios" (Is 11,2). Se nos dice que quien tenga el Espíritu tiene asegurada la fidelidad (Ex 39,29) y que el DON del Espíritu es universal, para todo hombre de cualquier raza y condición (Ac 2,23; Ef 1,2). Dejaos llevar por el Espíritu y no tengáis miedo. Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena y Administrador Apostólico de
Teruel y de Albarracín