Saludos amigos inseparables, hermanos en la fe y fieles lectores. ¿Creéis que
acierto si, como fruto de las lecturas de este domingo, cito a Santa Teresa y me quedo con su sabiduría: “quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”? El Señor denuncia hoy a todos los que ponen su confianza en las cosas, en el tener más, en los que buscan seguridades efímeras, en los que sólo piensan en sus comodidades, avaricias y lujos y, no conformándose con su incomunicación, se construyen su castillo personal que les bloquee de todos. Los que proceden así son ciegos, ignorantes e incapaces de ver más allá de sus posesiones, se imaginan que esto es su seguridad, su libertad…, cuando, en realidad, están encerrados en su egoísmo, víctimas de ellos mismos.
Dios nos quiere libres, nos ha hecho libres. Recordad lo que decía San Pablo: “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2Co 3,17). No podría ser de otro modo, ya que el Señor nos ha creado por amor y para amar y nos encontramos en nuestra esencia cuando amamos o cuando somos amados. El que ama no ata. El problema viene cuando nos negamos a amar y nos centramos en un amor propio, así solo se termina frustrado. El Papa, Benedicto XVI, en su Encíclica, nos exhorta a la caridad samaritana, es decir, a tener un corazón que ve y siente al hermano. Esta es la mejor manera de ser feliz y libre, con un amor humano, fresco, creador, entregado, abierto al otro, elegido personalmente…
Es curioso, pero quien se aleja de Dios, acaba perdiendo el sentido de su ser profundo, de su dignidad y termina despreciándose. H. Nouwen, en su libro: El regreso del hijo pródigo, dice: “Ahora me doy cuenta de que el verdadero
pecado consiste en negar el amor primero de Dios por mí, en ignorar mi bondad original. Porque, si no me apoyo en ese amor primero y en esa bondad original, pierdo el contacto con mi auténtico yo y me destruyo”. ¿No os habéis dado cuenta que, en nuestra sociedad alejada de Dios, hasta en el humor se van alcanzado cotas cada vez más deshumanizadoras y corrosivas? Parece que no se conforma el hombre moderno con ser amable, acogedor, alegre, misericordioso… se atreve hasta llegar a la ofensa, sin causa, donde más duele, se atreve hasta con lo más sagrado, os recuerdo las noticias de estos días acerca de las Exposiciones abiertas al público en Madrid e Ibiza…
Dios nos ha hecho libres, nos conoce perfectamente, “se acuerda de que somos barro” (Sal 102,13), conoce nuestra debilidad y nos invita continuamente a la santidad de vida, para ello no deja de ofrecernos los medios, pero no nos agobia, ni nos suplanta en las decisiones. El Señor sabe hasta dónde podemos llegar y nos respeta, nos quiere serenos, libres, capaces de decidir por nosotros mismos; nos redime de tener que aparentar lo que no somos. Dios nos ama tal como somos, con nuestros éxitos y fracasos, con nuestras debilidades y maneras de ser. El Señor siempre tiene sus brazos y puertas abiertas para recibirnos como hijos, el mayor gozo es estar cerca de Él, confiar siempre en Él y en su infinita misericordia.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín