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Silencio interior |
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El Señor revela a las naciones su salvación, nos dice el salmo 97. El Señor no se cansa de ofrecernos a todos la salvación como el mayor de los regalos, ¿pero le ha oído todo el mundo? El Señor sale a nuestras vidas a ofrecernos trabajo: que todo el mundo conozca a Nuestro Señor, Resucitado de entre los muertos. Me pregunto si conocen todos los jóvenes a Nuestro Señor, si conocen al que nos ofrece la Vida, el sentido de nuestra existencia… Lamentablemente hay demasiado ruido a nuestro alrededor para que se pueda oír con claridad su voz. Es preciso invitar a nuestros amigos y conocidos a hacer un poco de silencio interior para escuchar lo verdaderamente interesante y valioso. Para esta misión hacen falta oídos abiertos. Es necesario tener noticia de Jesús y saber de su poder salvador, para gritarle, como los leprosos del Evangelio: “Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros” y verse, luego, limpios. ¿Te has planteado que tú mismo podrías ser un mensajero de buenas nuevas, un testigo de Jesús, que indicara a todos los que te rodean dónde encontrar a Jesús?
Con mucha esperanza os invito, padres, llamados por Dios a colaborar con su voluntad de transmitir la vida, y a vosotros profesores, catequistas y animadores, a que promováis la vocación de vuestros hijos y alumnos, una verdadera y auténtica cultura vocacional. Vosotros, padres, abuelos, catequistas y profesores, estáis llamados a ser fieles a la misión que os encomienda el Señor, sois mediación preciosa e insustituible para que vuestros hijos y alumnos puedan descubrir su vocación personal, para que " tengan vida y la tengan en abundancia " (Jn 10,10).
Mirad qué cosa tan bonita leemos en el documento del Congreso Europeo sobre las Vocaciones al Sacerdocio: “Todo llamado es signo de Jesús: en cierto modo su corazón y sus manos continúan abrazando a los pequeños, curando a los enfermos, reconciliando a los pecadores y dejándose clavar en la cruz por amor de todos. Por esto es el Señor Jesús el formador de aquellos que llama, el único que puede plasmar en ellos sus mismos sentimientos”. Hace unos días me confesaba una chica el fuerte impacto que le causó visitar la tumba del Papa, Juan Pablo II. He de decir que le sugerí que pensara si el Señor no le llamaba a entregar la vida, como hizo el Pontífice, por los demás. Me respondió que se lo estaba planteando. Dios sale a nuestro encuentro cuando menos lo sospechas y te habla al corazón de una manera nítida y clara. Cuando uno tiene experiencia del favor de Dios puede responder con el mismo agradecimiento del leproso del evangelio de hoy, o como Naamán, el sirio, de la primera lectura: “en adelante, tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor”.
“La vida cristiana para ser vivida en plenitud, en la dimensión del don y de la misión, necesita de motivaciones fuertes, y, sobre todo, de comunión profunda con el Señor: en la escucha, en el diálogo, en la oración, en la interiorización de los sentimientos, en el dejarse cada día formar por El, y, especialmente, en el deseo ardiente de comunicar al mundo la vida del Padre. Venga, hombre, no busques más “seguridades” ¡lánzate a seguir a Cristo, da el paso y no esperes más! Visita nuestra página Web, en Vocaciones, que te ayudaremos: (www.diocesisdeteruel.org)
Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín
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