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Os llevamos en el corazón |
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Este domingo, 21 de octubre, celebramos el Domund, una jornada especial para la colaboración y cooperación con las misiones a través de la plegaria, el sacrificio, la promoción de las vocaciones misioneras y la cooperación económica. La finalidad es dar a conocer la actividad misional de la Iglesia, en su más amplio sentido, tanto evangelizador como de desarrollo y promoción humana. Este año celebramos el Domund con inspiración evangélica: “Dichosos los que creen”, recordad que a la Virgen María le dijo eso mismo su prima Isabel y Jesús a la mujer que le gritó de entre la muchedumbre: “Dichosos más bien los que escuchan la Palabra y la creen”. El que cree es feliz, dichoso, es bendito… El lema nos está marcando la urgente necesidad de la evangelización, para que todos puedan conocer y amar a Nuestro Señor. La responsabilidad misionera es de todo cristiano, naturalmente, de los que ya conocemos al Señor, de la Iglesia.
La Iglesia vive para el Evangelio. Nacida de la misión de Jesucristo, es a su vez enviada por El, para prolongar y continuar el encargo recibido del Padre en favor de los hombres de todos los tiempos. Esta es la razón de ser. A la pregunta de para qué existe la Iglesia en el mundo se responde así: “La Iglesia es continuadora de la misión de Jesucristo en el mundo (Mt 28,18; L.G.,5). Para ser más exacto, es preciso ir más allá de la propia Iglesia preguntándonos por la misión de Jesús: ¿qué hizo, qué quiso hacer, qué sigue haciendo Jesús en el mundo?”1. Todo lo que la Iglesia hace -oración, escucha de la Palabra, celebración de la Eucaristía y demás sacramentos, practica de la caridad…, no tiene sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Noticia (cfr. E.N.,15).
Esto es lo que nos dice el Papa, Benedicto XVI, en el mensaje que nos ha dedicado para este día: “Por consiguiente, como se ha reafirmado muchas veces, el compromiso misionero sigue siendo el primer servicio que la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos; para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, en muchas partes del mundo humillado y oprimido a causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación sistemática de derechos humanos”.
Desde estas líneas quiero hacer un homenaje a todos los misioneros de la Diócesis de Teruel y de Albarracín, que en un número de unos 200, entre religiosos, religiosas y laicos voluntarios que, juntamente con los presbíteros, están anunciando a Jesucristo. Les tendremos en cuenta, junto a todos los misioneros, como si se tratara de un Encuentro Misionero extraordinario, tal como hacemos todos los años. Pero os ruego que no pase de largo este día y que hagáis el firme propósito de ayudar económicamente. La unidad y la comunión entre nosotros nos debe llevar a cuidar las necesidades de los que están trabajando fuera de su tierra, de sus casas, de su cultura. No olvidarlos significa que les ayudamos. Que este año sea especial en las colectas parroquiales.
Con el Santo Padre, Pidamos a Dios que su ejemplo suscite por doquier nuevas vocaciones y una renovada conciencia misionera en el pueblo cristiano.
Os bendice,
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín
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