Hoy celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, a los pocos días de ponerse en marcha una campaña, a todos los niveles, en prensa, radio y televisión para dar a conocer el ser de la Iglesia y sus necesidades. La nota de la Conferencia Episcopal Española dice que esta “campaña publicitaria, busca dar a conocer la razón del ser principal de la Iglesia (su misión evangelizadora) de la que se deriva una ingente labor social, educativa, asistencial, etc., que repercute en beneficio de la sociedad. Asimismo, la campaña informa también de las líneas básicas del acuerdo de financiación alcanzado entre el Estado y la Santa Sede en diciembre de 2006, por el que se elimina la dotación directa del Estado a la Iglesia, se aumenta la asignación del IRPF del 0,5 al 0,7 por ciento y se elimina la exención del IVA”. En realidad, se trata de que seamos conscientes de que debemos ayudar a la Iglesia en sus necesidades y colaborar en la colecta extraordinaria de este domingo.
La exhortación a ayudar a la Iglesia en sus necesidades aparece ya en los relatos de los Hechos de los Apóstoles contándonos aspectos esenciales de la primitiva Iglesia y destacando la preocupación por todos los hermanos: 'La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma' (Hech 4, 32). Estas palabras expresan de modo claro y concreto, el contenido de la koinonia, o comunión eclesial. La enseñanza de los Apóstoles, la oración en común y la fracción del pan contribuían a esa unidad interior de los discípulos de Cristo y a vivir como con 'un solo corazón y una sola alma'. Otro detalle importante que se lee en estos primeros capítulos de los Hechos es que: 'Nadie consideraba como propiedad suya lo que le pertenecía, sino que todo era común entre ellos', así que no era difícil tomar conciencia de la necesidad de compartir, ya que la Iglesia primitiva impulsaba a sus miembros a compartir unos con otros los bienes de que disponían, especialmente en favor de los más pobres.
Escribía el Papa Juan Pablo II, en una catequesis de los miércoles, que “La comunión y la Pascua de Cristo, en la Iglesia primitiva, y en la de siempre, se convierte en fuente de comunión recíproca: 'Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él (1 Cor 12, 26). De aquí nace la tendencia a compartir los bienes temporales, que san Pablo recomienda dar a los pobres, casi para llevan a cabo una cierta compensación, en la equiparación de amor entre el dar de los que tienen y el recibir de los necesitados: 'Vuestra abundancia remedia sus necesidades, para que la abundancia de ellos pueda remediar también vuestra necesidad' (2 Cor 8, 14). Como se puede ver, los que dan, según el Apóstol, reciben al mismo tiempo. Y ese proceso no sirve sólo para nivelar la sociedad (Cfr. 2 Cor 8, 14.15), sino también para edificar la comunidad del Cuerpo-Iglesia, que 'recibe trabazón y cohesión..., realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor' (Ef 4,16). También mediante ese intercambio la Iglesia se realiza como 'communio'.”
La experiencia de comunión y de caridad entre los cristianos y de la Iglesia para los más necesitados tiene una explicación: La acción exigente del amor en la vida de los creyentes. En nuestra Diócesis, vosotros, mejor que nadie, sabéis que nuestras fuentes de financiación son muy limitadas y se puede observar cuando se pasa la colecta, sin embargo, las necesidades son muy grandes. Os ruego que en este día cada uno mire sus fuerzas y ayude generosamente a la querida Diócesis, según sus posibilidades. Luego, cuando llegue el momento de la Declaración de la Renta, no os olvidéis de poner la señal en la casilla de la “Iglesia Católica”, aunque me consta vuestra responsabilidad. Podéis, también, visitar nuestra página Web, donde podréis ayudar, con la ayuda de un impreso de domiciliación (www.diocesisdeteruel.org). Que Dios os bendiga.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín