El cielo no está vacío

 

¡Cuántos motivos de gozo y alegría encontramos en la Palabra de Dios de hoy! Verdaderamente el creyente no puede ser una triste persona, ¡de ninguna manera!, porque distingue la fuente del júbilo, la razón de su plena felicidad. El cristiano conoce de dónde le viene el gozo: “Bienaventurado es el hombre que tiene su esperanza puesta en el Señor”; aunque surjan tribulaciones no dejará de llevar fruto (Jer 17,7ss). ¡Qué misterio más grande y cuanta verdad hay encerrada en él! Isaías ya anunciaba que Dios mismo, en persona, se haría presente en medio de nosotros para ofrecernos la salvación y que la pena y la aflicción se alejarían y ¡esta Palabra está cumplida! Por esta razón San Pablo exhorta a los Filipenses para que no se aparten de esta sabiduría: Como cristianos que sois, “estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres…” (Fip 4,4). Su propia experiencia lo dice todo: “nos recomendamos en todo como ministros de Dios: con mucha constancia en tribulaciones, necesidades, angustias; en azotes, cárceles, sediciones; en fatigas, desvelos, ayunos (…) tenidos por impostores, siendo veraces; como desconocidos, aunque bien conocidos; como moribundos, pero vivos; (…) como tristes, pero siempre alegres (“Cor 6, 1-10). ¡Dios quiere que saltes de gozo, que no eres una criatura sin nombre, el Creador te ha puesto un precioso nombre, “hijo mío”, así que, si confías en el Señor, puedes esperar bienes de Él, gozo eterno y misericordia! “El cielo no está vacío. La vida no es el simple producto de las leyes y de la casualidad de la materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu que en Jesús se ha revelado como Amor” (De la Encíclica de Benedicto XVI, Spe Salvi, 5).

El Santo Padre nos ha hecho ver en su Encíclica los múltiples intentos en la historia para buscar las explicaciones de todo en un ámbito exclusivamente humano y los consecuentes fracasos de los ensayos, precisamente por la búsqueda, en lo que se suele decir, “de tejas abajo”, unas veces porque se han olvidado del mismo hombre, otras por partir exclusivamente de la razón, de presupuestos falsos, porque se han olvidado de Dios en las teorías o “le han echado del mundo”. El resultado de estos caminos sin Dios, “un reino solo del hombre, desemboca inevitablemente en un final ‘perverso’”. Benedicto XVI explica con mucha claridad, después de este recorrido que “la verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando ‘hasta el extremo’ (cfr. Jn 13,1)”. Aquí tenemos también la fuente de  nuestra alegría, porque nos sabemos amados, “me amó y se entregó por mí” (Gal. 2,20). Este es nuestro gozo y nuestra fuerza, ¿Cómo va estar triste una persona que se sabe amada, cómo será eso si sabe que Dios llena todos sus vacíos, le perdona los pecados y le empuja con entusiasmo y decisión hacia un camino nuevamente seguro y alegre?

El Adviento nos prepara al encuentro con el Señor Jesús, Luz del mundo y fuente de alegría. El Papa dice que “Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía”. A continuación dice que la Santísima Virgen es el mejor modelo, su vida ilumina para llegar a Cristo; con su sí fiel y entregado, nos anima a seguir sus pasos sabiendo que es posible dialogar con Dios, conocerle y amarle. Llama la atención, que el Papa insista en que “necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo”. ¿Quienes son o pueden ser estas luces cercanas? La respuesta no se deja esperar en la Encíclica, porque explica que son: las personas que dan luz reflejando la luz de Cristo.  Piensa que tu mismo puedes ser una de esas personas-luz, otra antorcha de alegría para este mundo que vive a oscuras, pero no olvides que la luz verdadera es de Cristo, tú solo la reflejas. Dios te bendiga.

 

            + José Manuel Lorca Planes
           Obispo de Teruel y de Albarracín


 
Don José Manuel Lorca Planes
 
 
 

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