La Navidad de los dos mil siete años nos lleva a meditar el acontecimiento extraordinario del Verbo eterno hecho hombre por nuestra salvación, ¡la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros! (Jn1, 1-18), ¡Feliz cumpleaños!, ¡revivamos con fe renovada las inminentes solemnidades y acojamos todo su mensaje espiritual! En los cánticos de gozo y en los Villancicos repetiremos, en las iglesias, calles y plazas, que nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor y en la liturgia se nos insistirá a todos a contemplar al Jesús, a adorarle, porque “ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación a todos los hombres” (Tt 2,11s).
En una cueva miserable contemplamos a un Dios que por amor se hace niño. A quienes lo acogen les da la alegría, y a los pueblos la reconciliación y la paz. La Navidad es una carta abierta de Dios al corazón de todos los hombres, pero para el creyente es un amplio grito al oído que nos despierta de nuestras rutinas y nos muestra otro estilo de vida, diferente al que estamos acostumbrados a ver alrededor. El Señor nos sorprende tanto que rompe los esquemas humanos. Recuerdo el poema de R. Tagore que presentaba la vida de un mendigo, reducida a salir todos los días para recoger las semillas y mendrugos que le daban, hasta que un día ve a lo lejos la carroza del rey y comenzó a hacerse mil ilusiones, mis penas se acabaron, pensaba, pero su sorpresa fue mayúscula cuando llega a su altura y el rey desciende de su carroza y le alarga su brazo pidiéndole algo de comer a él. Si, algo por el estilo nos ha pasado también a nosotros, nos hemos preparado, durante cuatro semanas, para el Encuentro con el Mesías, con el Señor, con el Salvador y, luego hemos tenido la experiencia de que ha nacido pobre, lejos y en un pesebre… ¿Desconcertados? No, la historia del poema anterior termina bien, premia el buen corazón, y nosotros haremos muy bien en fiarnos del Señor, aunque le veamos pobre, sencillo, humilde… pero es Dios, que “sostiene el universo con su palabra poderosa” (Hb 1,1-6). Prepararnos para recibirlo ha implicado ante todo una actitud de oración intensa y confiada. Hacerle espacio en nuestro corazón exige un compromiso serio de convertirnos a su amor y nuestra esperanza se ha hecho confianza y fidelidad. Su estilo nos ha sorprendido, pero es como nos quiere, sencillos, humildes, pobres de cosas y ricos de fe.
Recordad que la Navidad nos recuerda la invitación a dirigir nuestra mirada a Cristo que nace para redimir a la humanidad, por medio de su nacimiento, el Hijo de Dios habita entre nosotros para redimir a toda criatura humana con su muerte en cruz. Cada día vemos llorar a Jesús con la muerte de los niños abortados, con la imagen de los jóvenes hundidos en el infierno del vacío, desesperación y drogas; a Jesús le duelen los ancianos que andan solos porque “estorban” a sus acomodadas familias, los matrimonios que se rompen porque no son capaces de aceptarse y superar las dificultades; las violencias y los egoísmos, los que abusan de los otros, y les quitan su libertad; los que desprecian a sus hermanos por el color de la piel… esto le duele al Señor, le hace llorar a Dios, aunque es Navidad.
Que a nadie le extrañe en esta Navidad oír la voz de Jesús, desde el pesebre, pedirle que le ayude a redimir a los hombres, que no os extrañe que os pida vuestras manos para curar las heridas de los otros, para curar, bendecir y perdonar; que no os extrañe si os pide vuestros pies para salir al encuentro de los necesitados de pan y abandonados, de los desvalidos y deprimidos por la desesperanza. Te pedirá el Señor tus ojos para mostrar miradas limpias y compasivas a los que sufren o, quizás te pedirá tu rostro, como una luminosa señal de alegría, para indicarles a los que zozobran por el mar de la vida el camino de la felicidad y gozo. ¿Quién te iba a decir que el Señor que has esperado este Adviento iba a necesitar de ti? Dios es así, sigue sorprendiéndonos y, al mismo tiempo, como nos conoce, nos sigue dando las fuerzas y las gracias que necesitamos para hacer siempre su Voluntad, sin desesperarnos.
¿Te has planteado alguna vez que puede necesitarte Jesús para que seas sacerdote? ¿Te has planteado alguna vez ser religioso o religiosa? Venga, adelántate a él y pídele que te ilumine y te ayude a decidirte de una vez para siempre. Pero no te preocupes más de las cuestiones que te han echado atrás siempre, confía, hombre, confía en Dios, que sabe hacer muy bien las cosas y no te abandonará nunca. Felicidades. ¡Feliz Navidad de Nuestro Señor!
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Teruel y de Albarracín