Escudo cuartelado. Primero, en campo de plata, el anagrama en azul de la Vigen María; segundo, en campo de gules, un libro de oro símbolo de la Palabra de Dios; tercero, en campo de gules, las siete coronas de oro y el corazón, símbolo de la ciudad de Murcia; cuarto, en campo de azur, un castillo de oro sobre rocas, donjonado y cargado de un rey con llave y espada. En el abismo, un campo de oro con las iniciales de las letras griegas Alfa y Omega, en gules símbolo de Cristo Principio y Fin de todo. Al pie, su lema espiscopal: Charitas Christi urget nos (el amor de Cristo nos apremia).
Cristo, la Palabra misma del Padre, presente en la Sagrada Escritura y hecha carne en la Inmaculada Virgen María, es el Alfa y la Omega, el Principio y Fin de toda la creación. Él es el centro de nuestra vida y la luz que nos ilumina.
El Obispo, sucesor de los apóstoles, representa sacramentalmente en plenitud a Cristo Pastor y está llamado a conducir hasta Cristo a la grey que Dios le ha confiado, por medio del Espíritu Santo y de la Iglesia: el amor de Cristo nos apremia.Por eso deja Murcia, su patria natal, simbolizada por las siete coronas y el corazón, en dos de cuyas parroquias ha sido pastor. Abandona también Lorca, que lo ha nombrado hijo adoptivo, simbolizada por el castillo de oro sobre rocas. En ella fue párroco, y vicario episcopal de aquella zona pastoral, durante diez años.
(Composición heráldica y texto explicativo: Pedro Ortín Cano, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Murcia)