Con esta expresión, deseo compartir una corta reflexión llena de gratitud para con la diócesis de Teruel y Albarracín, que me acogió de brazos abiertos para realizar en España, el plan de Dios trazado para mi desde el día14 de octubre del 2006 hasta el presente cuando ha llegado el momento de partir, el día 23 de diciembre a Colombia, a la nueva experiencia que he de retomar después de esta ausencia que considero fecunda.
En esta experiencia académica y pastoral, he aprendido desde la confianza divina y disponibilidad al servicio, que Dios se encarga de hacer de nuestro tiempo un continúo presente, y por consiguiente un reto, un ir día a día hacia adelante superando todo obstáculo o imprevistos que a veces no esperamos, pero se nos presentan en nuestro itinerario hacia la meta por alcanzar. Pero aún así, nada nos debe turbar ni espantar, y mucho menos hacernos detener o sucumbir ante el ideal planteado que espera ser logrado.
Hoy la diócesis de Teruel y Albarracín, la considero ese nuevo impulso tan necesario en mi ministerio después de 15 años de vida sacerdotal. Ella, me ha permitido renovar mi compromiso en el mejor de los contextos: la formación permanente y trabajo pastoral en medio del pueblo santo de Dios. Esta doble realidad en mí, ha tenido nombre propio: “El Pontificio Instituto Juan Pablo II, para estudios sobre el Matrimonio y la Familia en Valencia y la vida parroquial, en los que he vivido y celebrado con espíritu fraterno el sacramento de nuestra Fe. Hoy me despido con una gran nostalgia, pero también mucha satisfacción por el “don” recibido, y por el gran compromiso que me espera como “tarea” que debe realizarse en la diócesis de Santa Marta en Colombia.
Quiero terminar dejando hablar mi corazón agradecido, como expresión del que ha sentido a Dios manifestándose en muchas personas: en primer lugar, la diócesis de Teruel y Albarracín, Monseñor José Manuel y todo su presbiterio, Monseñor Domingo Navarro, Don Cristóbal Navarro -mi gran apoyo- con su comunidad parroquial (San Julián) en la que viví rodeado de cariño y atenciones, a las parroquias que he administrado en esos dos años, Santa Ana (en Castralvo) y San Miguel Arcángel (en Aldehuela), a la señora Elisa Alonso, a quien recordaré como la madre que me acogió en su casa de Valencia, con caridad cristiana y sentimiento filial semana tras semana, a mis amigos incondicionales Edilberto, Luz Mary y Toni. Cada una de estas personas, me han hecho sentir con agrado la importancia de la acogida y el acompañamiento en los procesos de la vida, sobre todo cuando nos sentimos solos en un país desconocido, expectantes por lo que pueda suceder y sin el apoyo de nuestra familia. Por eso, tengo claro que lo iniciado en esta diócesis no ha terminado, sino se transformará en trabajo y frutos en mi nueva misión en Santa Marta, como dice el himno: ciudad dos veces santa. Por último, a los turolenses y valencianos, mis agradecimientos por significar para mí, lo que la Iglesia significa para el cristiano: la gran familia universal. Dios les bendiga en estas navidades y les proteja en el año nuevo 2009. Por último, GRACIAS A TODOS.
Mario Arturo Monzalbo Bolonia