Dentro de las actividades programadas por la pastoral juvenil, nos hemos vuelto a reunir de nuevo con Jesús, para pasear nuestra experiencia en la Fe, con todos los jóvenes de la Diócesis, que guiados por nuestros amigos Don Carlos Escribano y Agustín Fernández, fuimos conducidos a través de los parajes de la sierra turolense hasta Peña la Cruz donde finalizamos el día celebrando la Eucaristía.
En mi caso el primer Vía Lucis, experimentado de nuevo la experiencia de compartir con los jóvenes la “pasión” por Jesús.
El paseo por la sierra fue algo muy sencillo, pero a la vez impresionante, no se trataba de una carrera ni mucho menos, consistía en hacer el “camino de la Cruz”, adentrándonos en un viaje por la pasión de Nuestro Señor Jesús, convirtiendo el Vía Crucis (Vía Dolorosa) con sus catorce estaciones de pasión y muerte, en un “Via Lucis” (Vía de Esperanza) con doce estaciones de luz y esperanza.
Repartidas por toda la “vía de esperanza” nos fuimos encontrando las distintas estaciones, preparadas previamente por el grupo que dirige la pastoral juvenil, (que como se suele decir en estos casos, cuando salieron de sus casas camino de Peña la Cruz, todavía no estaban puestas las calles). Caminábamos siguiendo al icono de la Cruz, que trasportado en cada tramo por un joven distinto nos iba llevando a través de las estaciones y llegado a cada una de ellas y tras el reagrupamiento de todos, se pasaba a la oración y posterior meditación que nos mantenía entretenidos durante todo el paseo, unas veces escuchando el silencio, otras compartiendo con el compañero de camino lo que se iba experimentado, hasta la siguiente estación.
Así entre risas, silencios, oraciones, y experiencias compartidas, llegamos al final del Vía Lucis, donde tuvimos un pequeño descanso antes de la celebración de la Eucaristía. Tras ese, culminamos Peña la Cruz y a los pies de la misma, tuvimos la celebración presidida por nuestro Obispo, que durante todo el camino, se mantuvo como un joven más entre todos y nos demostró que de Don Carlos pasó a ser Carlos, cediendo la dirección del Vía Lucis a nuestro amigo “Agus” para que condujera el mismo como sólo él sabe hacer.
La Eucaristía fue “grande”, con unas vista impresionantes y tan cerquita del cielo “que fácil se ve todo”. El ambiente.... exquisito..., entre gente joven entregada al amor de Dios, la celebración transcurrió entre amigos, y Carlos, nos relato en su homilía la sencillez de Jesús.
Sin duda una experiencia de oración preciosa. Gracias por dejarme compartirla con vosotros.
Inma
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