Nuestra Iglesia – Día de la Iglesia Diocesana 2019

Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro

«Sin ti no hay presente. Contigo hay futuro» es el lema del Día de la Iglesia Diocesana 2019 que se celebra el domingo 10 de noviembre. El secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia nos invita a colaborar con nuestra parroquia aportando lo que tenemos: tu tiempo, tu cualidades, tu colaboración económica y tu oración.

Se trata de hacer Juntos una parroquia viva, comprometida, apasionada por Jesucristo y entregada a los demás, recuerda la página web Xtantos. Por eso, te ofrecen un abanico de posibilidades para colaborar y poner al servicio de los demás en tu parroquia no solo lo que tienes, también lo que sabes, lo que eres. Pues en toda familia hay necesidades, y la parroquia es una gran familia de familias que siempre necesitará de tu ayuda. También, desde Xtantos, te señalan cómo hacer tus donativos y te proponen intenciones por las que rezar, porque tu oración es necesaria y será el alma de toda la actividad que se realice. Con ella, los frutos serán mayores y más permanentes.

EL CÉNTIMO DE LA VIUDA

Es conocido por todos nosotros el pasaje de la pobre viuda del evangelio que echó en la ofrenda del templo todo lo que tenía, aunque fuera un céntimo. Y a los ojos de Jesús es la que más ofreció, pues los ricos echaron tan solo las migajas que les sobraba y además para quedar bien y ser bien vistos.

Ya desde el principio de la Iglesia, las primeras comunidades tuvieron que encargar a siete diáconos o servidores para que llevaran la economía de las comunidades y sobre todo para que atendieran las necesidades de los pobres, huérfanos y viudas que, al no existir la seguridad social, dependían de sus comunidades.

Es verdad, que había comunidades con más posibilidades económicas que otras y por eso debían estar atentas unas de otras para que a nadie le faltara lo necesario para vivir y para que el grupo de creyentes pudiese subsistir, ya que la predicación del evangelio requería también el sustento de los apóstoles y de los que se dedicaban de lleno a la comunidad, así como lugares adecuados para encontrarse.

Las comunidades, a lo largo de los siglos, fueron cogiendo fuerza y en muchos casos enriqueciéndose con la aportación de sus propios fieles, así lo vemos en las grandes construcciones que aún persisten, gracias a nuestros antepasados creyentes. Si a unos cristianos les iban bien los negocios pronto hacían una buena iglesia para que la comunidad creyente de su pueblo pudiese vivir los sacramentos y todo tipo de celebraciones, con mayor dignidad y acomodados a los gustos arquitectónicos de la época.

Ahora el dinero llega a nuestras comunidades de tres maneras: primero por medio de las colectas que se hacen en nuestras celebraciones (también de los lampadarios y de la ofrenda o estipendio por los sacramentos). Segundo, por los donativos que se entregan en la parroquia o en el obispado, algunos de ellos fijos al mes o al año. Y tercero, por la asignación tributaria, cuando ponemos la “x” en nuestra declaración de la renta. Esta tercera modalidad es el Estado el encargado de recaudarlo y de devolvérselo luego a la Iglesia. Pero esto puede cambiar a petición de algunos partidos, como ya pasa en algunos estados europeos. Entonces nosotros nos deberíamos responsabilizar, como los primeros cristianos, de recoger y repartir las ofrendas voluntarias de nuestra economía. Y quizás no va a ser fácil, en un principio.

Por eso ahora nos toca organizarnos por parroquias con la mayor seriedad posible. De la misma manera que comprometernos a dar una cuota en el obispado para poder sostener nuestra Iglesia diocesana. Imaginaros las dificultades que tenemos ya hoy en día para arreglar nuestros templos. Gracias a las aportaciones de las instituciones civiles, véase ayuntamientos, diputación, gobierno autonómico, cajas bancarias, alguna empresa privada, que nos echa una mano, ya que ellos saben que su dinero es parte también de nuestros impuestos y que nuestros templos es lo único que queda de valor artístico, y por tanto de motor turístico, en muchos de nuestros pueblos.

Por otra parte, todos los bautizados, que formáis la comunidad cristiana, debéis exigir que haya en vuestra parroquia, como lo manda el Derecho Canónico, un Consejo de Economía que examine las posibilidades económicas de cada comunidad y sea el gestor de nuevas iniciativas. El dinero no debe estar en manos de los curas, les haréis un gran favor, pues es tarea de todos. ¡Ánimo y adelante!

El pasado Pentecostés celebramos la jornada Laicos de Teruel en salida con distintas actividades, mostrando la vida activa y comprometida de muchos laicos de nuestra diócesis.

Jesús nos llama a que proclamemos su amor, a que miremos como Él a los que nos rodean, a que escuchemos, acojamos, luchemos por la justicia y sembremos la paz, como Él hizo. Dejemos nuestra fe acomodada y seamos transformadores de la realidad, verdaderos discípulos misioneros.

Vivamos nuestra vida de fe como vocación, como enviados al mundo para, desde lo pequeño del quehacer diario, ser imagen del rostro del Señor. ¡Dejémonos empapar por su Palabra! ¡Sintamos su voz! Y no lo hagamos solos, sino insertados en la parroquia, en un grupo de vida donde es más fácil forjar una espiritualidad fuerte, consolidar la pertenencia a esta gran familia del Pueblo de Dios y discernir nuestra propia vocación: qué es lo que en cada momento nos pide el Señor.

Tenemos que responder al sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros. Abre tu corazón al amor de Jesús; cree al saberte y sentirte transformado, llamado y enviado para ser, hoy, las manos de Dios en la creación del reino de amor, perdón, acogida, escucha y consuelo… que soñamos con Él. Y sin temor por tu pequeñez, porque no vas solo, porque te acompaña la comunidad y Jesús en medio de ella. Urge que seamos católicos en acción. Que ese sea nuestro estilo de vivir.

Rosaura Albero
Miembro de Acción Católica General

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