Nube de testigos: SANTO TOMAS DE AQUINO

Cronología


1224 Nace en el castillo de Roccasecca, cerca de Nápoles. Hijo del conde de Aquino y de la hija de los condes de Chiesti.
1226 Muere San Francisco de Asís
1229 Tomas de Aquino ingresa como oblato benedictino en Monte Cassino
1234 Domingo de Guzmán, quien fundó la orden dominica en 1215, es canonizado por el Papa Gregorio IX
1239 Tomas abandona el monasterio de Monte Cassino
1240 Comienza sus estudios en la Universidad de Nápoles
1243 Tomas comienza a tener contacto con la orden dominica
1244 Tomas responde a su vocación e ingresa como novicio en el convento de los dominicos de Nápoles. Secuestrado por sus hermanos, es recluido en el castillo de su familia. Allí recibe fuertes presiones para que rechace su vocación.
1245 Consigue regresar al convento de los dominicos. Marcha a París, donde estudia con los dominicos, junto a San Alberto Magno
1248 Prosigue sus estudios en Colonia.
1250 Tomas se ordena sacerdote en Colonia. Escribe sus primeras obras importantes.
1252 Regresa a París. Comienza a enseñar como Bachiller Bíblico en el Estudio General de los dominicos.
1256 El Papa Alejandro IV le nombra Doctor en Teología y Maestro. Intensa actividad docente y científica en la Universidad de París. Consejero del rey San Luis de Francia, e importante predicador.
1259 Redacta el plan de estudios de los dominicos. Marcha de nuevo a Italia, nombrado profesor de la Universidad Pontificia y consultor del Papa.
1264 Escribe la liturgia para el día del Corpus Chisti
1268 Tomas regresa a París, ocupándose de la cátedra de teología para extranjeros.
1272 A petición del rey de Nápoles, Tomás vuelve a esta ciudad como profesor de la Universidad. Es recibido triunfalmente.
1273 El 6 de diciembre, celebrando la Eucaristía, tiene una experiencia mística extraordinaria. Tras ella, deja de escribir.
1274 Es convocado por el Papa Gregorio X para el Concilio de Lyón. Muere el 7 de marzo, camino de Lyón, en el monasterio cisterciense de Fossanova
1323 Tomás es canonizado en 1323 por Juan XXll en Aviñón
1567 Santo Tomas, proclamado doctor de la Iglesia por el papa San Pío V.


Su ambiente


El siglo XIII fue uno de los periodos más apasionantes de la historia de Europa y de la Iglesia. Es el siglo del despertar urbano de Europa, del desarrollo de las ciudades comerciales que empezaban a constituir el tejido geográfico y comercial de lo que hoy es la Unión Europea. El corazón de la ciudad era la catedral. A lo largo del siglo los europeos irán levantando las grandes catedrales góticas, y, junto a ellas, las "catedrales del saber" que son las universidades. Las ciudades, por tanto, se convierten en los centros de la economía, la vida eclesial y la cultura.


La Iglesia, saliendo de unos años de grandes dificultades (roces con los poderes feudales, enfrentamientos entre el Papa y el Emperador, aparición de numerosas sectas) vive en el siglo XIII una gran renovación. Uno de los mayores frutos de esta primavera eclesial es la fundación de las órdenes mendicantes: los franciscanos y los dominicos. Otro fruto es el -desarrollo de la vida cultural, como se puede ver en el arte gótico, los diversos centros de estudios, las grandes obras filosóficas y teológicas y los numerosos debates que apasionan en las aulas de las recién fundadas universidades. Ambos elementos de renovación serán muy importante en la vida de Tomás.


Los Aquino eran una familia noble del reino de Nápoles, emparentados, aunque remotamente, con el mismísimo emperador Federico II. Eran lo que hoy podíamos decir una "familia bien", con numerosas haciendas de tierra muy fértil, dos castillos y un buen nivel cultural. Landolfo y Teodora fueron padres de doce hijos, el menor de los cuales fue Tomás. Como hijos de una familia de buena posición, los hermanos de Tomás se dedicaron a la vida en la corte imperial. Sus hermanas se prometieron a buenos partidos, con los que aumentar el honor y las rentas de la familia..


Pero Tomás estaba destinado a otro plan. Como hijo menor de la familia, sus padres habían determinado que entrara en el monasterio benedictino de Monte Cassino. El plan era que llegase a ser nombrado abad, para controlar los grandes beneficios que daban los monasterios importantes. A ojos de sus padres, este plan sería hoy el equivalente a entrar en una empresa fuerte desde pequeño (con cinco añitos) para terminar siendo director de la misma.


De todas maneras, ni siquiera en el siglo XIII era posible pasar por un monasterio y no quedar atraído por la vida espiritual que lo sostenía. En Monte Cassino, el pequeño Tomás va a impregnarse del espíritu de oración y contemplación de la orden benedictina. No profesó nunca como religioso de esa orden, pero seguro que lo que vivió allí fue seguramente la semilla de su vocación. Allí descubriría el valor de la oración en la vida y la convicción de que Dios es lo primero. Por eso, más tarde, rechazaría suculentos chollos (como el de ser abad de Monte Cassino u arzobispo de Nápoles) para mantenerse firme en su vocación, el mayor don de Dios. Por experiencia propia pudo escribir luego:


Mal procede quien se llena de soberbia a causa de su riqueza y no reconoce haber recibido de Dios todo lo que tiene, pues todos nuestros bienes, espirituales o temporales, de Dios son. (Comentario al Padrenuestro)


Después de nueve años de estar en Monte Cassino tuvo que abandonar el monasterio, pues había quedado, una vez más, en medio de un frente de guerra (revueltos años los de aquella época). Por eso le vemos ya con catorce años matriculado en la Universidad de Nápoles. Hacía muy poco tiempo que el emperador la había fundado, como "cantera” de funcionarios imperiales de elite. Posiblemente ante las dificultades de Monte Cassino sus padres cambiarían de plan: Tomás ocuparía un alto cargo en la Administración imperial.


El despertar de la vocación


Así ha dicho Yahveh, el que te creó, el que te formó desde el vientre y el que te ayudará: No temas, oh siervo mío Jacob, tú, amado, a quien yo escogí. Is 44,2


El nos escogió en la persona de Cristo, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. Ef. 1,4


Los años de adolescencia napolitana muestran ya a Tomás como un joven vigoroso, de dimensiones atléticas. Alto, grueso, bien proporcionado, de color moreno y frente despejada. Tenía un porte distinguido y una sensibilidad extraordinaria que se ocultaba tras un carácter reservado y reflexivo. Tomás tuvo un inteligencia muy despierta que empleó a fondo bien pronto en sus años de estudiante. Se dedica con pasión al estudio de la filosofía, las artes, la literatura... su mente va abriéndose a las últimas novedades científicas y humanistas de su tiempo, al tiempo que las inserta en su profunda vivencia de Dios. Cuanto más conoce la realidad, más descubre la obra de Dios en su vida, y más se ve fascinado por ella:


Tan espléndida es la gracia de Dios y su amor a nosotros, que hizo El más por nosotros de lo que podemos comprender (Sobre el Credo, 1. c., 61).


Es precisamente esta vivencia la que le movió a interesarse por la orden dominica. Tomás observa el testimonio de vida de los dominicos de su ciudad, y se siente fascinado por el ímpetu con que anuncian a Jesucristo, la profundidad de su oración, su pobreza de Vida, su entrega al estudio y a la predicación... Tenía que merecer la pena aquello que difundían:


Lo que admiran mucho los hombres lo difunden luego, porque de la abundancia del corazón habla la boca (Mt 12,34) (Catena Áurea Vol., IV).


La orden dominica, fundada por el castellano Domingo de Guzmán (1171-1221), tenía entonces 23 años de vida, y era una de las, fuerzas de renovación más importantes de la Iglesia de principios del siglo XIII. Su lema, "Contemplar, y transmitir el fruto de la contemplación" se identificaba perfectamente con las aspiraciones de Tomás. En abril de 1244, con 19 años, Tomas decide hacerse monje mendicante dominico.


La hora de la libertad


Si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres (Jn 8,36)


¿Cómo se descubre una vocación? ¿Cómo se puede responder a esta llamada de Dios? ¿Hay que pasar pruebas hasta ver despejado nuestro camino vocacional? Estas preguntas son las que nos podemos hacer muchas veces a la hora de pensar en la vocación. Todas ella nos tocan en lo más valioso que tenemos en la vida: la libertad.


Viendo cómo Tomás respondió con su vida a estas pregunta, podremos entender nosotros cómo la libertad más grande que se puede tener es responder con generosidad a lo que Dios ha querido para nosotros .... caiga quien caiga. Vamos a verlo.
Tomas descubrió su vocación de una manera muy normal: observando la vida. Desde sus años en Monte Cassino había descubierto la grandeza de una vida cerca de Dios. Sus años de universidad le llenaron de asombro por las obra, que El nos ha regalado, en la naturaleza y en la sociedad. Una vida despierta, atenta a Dios y a la realidad de cada día, le va haciendo sentir una sed de felicidad que nada, ni el alto puesto imperial que se le ofrecía, podía saciar. De alguna manera debía de intuir que esa felicidad vendría de la mano con el amor de Dios. Así le escribiría después:


Es también característico del amor ir transformando al amante en el amado. Por lo cual, si amamos lo vil y caduco, nos convertimos en viles e inseguros: ¡Se hicieron despreciables como las cosas que amabanj (Os 9, 10).Pero si amamos a Dios, nos divinizamos, porque el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con El (1 Cor 6, 17) (Sobre la caridad, 1. c., 202).


El camino para llegar a Dios lo encontró cuando conoció la orden de los dominicos. Fue a hablar con ellos, pidiendo acompañamiento espiritual al dominico fray Juan de San Giuliano. El le ayudó a llegar a Cristo mediante el camino dominico, igual que Andrés llevo a Simón Pedro ante Cristo (cf. Jn 1,41-42). Bien podría aplicar a su relación con fray Juan estas palabras:


Es una nota de sabiduría contar con otras personas que puedan ayudarnos(Suma Teológica, 2-.2 q. 129, a. 9).


Todo buen consejo acerca de la salvación de los hombres viene del Espíritu Santo (El Padrenuestro, 1. c., 153).


Con la ayuda de este director espiritual, Tomás; pudo ir asegurándose de que Dios le haría feliz allí, de que valía la pena vivir la libertad en ese camino. Así pudo escribir, muchos años después


Sólo en Dios hallará el hombre todas las cosas de un modo más sublime y perfecto que como se encuentran en el mundo. Sí buscas deleites, sumo lo tendrás en Dios; si -riquezas, en El hallarás la absoluta opulencia de donde manan las riquezas, y así lo demás. (El Padrenuestro, 1. C., 140).


De todas manera:, debió de costarle tomar la decisión. No era fácil entrar en un modo de vida muy nuevo en su tiempo, abandonar seguridades, una buena carrera, una familia con dinero y un futuro asegurado (todo lo asegurado que podía estar en aquellos tiempos, claro)... Cambiar todo esto por la pobreza, la castidad, la obediencia, una vida fuerte de oración y de entrega y una dedicación exclusiva al plan de Dios era una locura. Pero mayor locura era, pensaría Tomás, renunciar a la felicidad plena que Dios le estaba prometiendo. Ahí estaba la tristeza del joven rico que no quiso seguir a Cristo para demostrarlo (Mt 19, 16-20). El es fiel, y con la ayuda de la gracia de Jesucristo podemos fiarnos de El y ponemos en sus manos. No contó nunca nada de su decisión, pero en muchos de sus libros se verá la convicción que le impulsó a tomaría: sólo el amor de Dios nos hace totalmente felices:


El amor produce en el hombre la perfecta alegría. En efecto, sólo disfruta de veras el que vive en caridad (Sobre la caridad 1. c., 205).


Lo que sí sabemos fueron las duras pruebas que tuvo que pasar Tomás hasta que pudo consolidar su camino vocacional. Su padre había muerto un año antes, y su madre no estaba por la labor de renunciar a los suculentos planes que había preparado para Tomas. La entrada del menor de los Aquino en una orden mendicante fue un terremoto familiar, que no derribó los muros del castillo de Roccasecca, pero sí agitó la vida de la familia. Los superiores dominicos, que se imaginaban la que podría liarse en la familia de Tomás, decidieron enviarlo a estudiar a París, para alejarlo de conflictos. Demasiado tarde. Un grupo de soldados imperiales, capitaneado por su propio hermano, lo captura a principios del mes de mayo y lo lleva al castillo de la familia (medida algo frecuente en la época, donde los padres no se andaban con muchas contemplaciones sobre el destino de sus hijos... más si cometían la locura de entrar en una orden mendicante).


Tomas pasará un año encerrado en una torre, sometido a prueba-, de lo más variopinto para que desistiera de su vocación. Unos soldados le arrebataron el hábito, su madre ejerció todo tipo de presiones sobre él, sus hermanos y amigos trataron de convencerle de que cometía una locura, incluso metieron una prostituta en su aposentos para hacerle olvidar sus propósitos de consagración a Dios... Pero Tomás no perdía el tiempo; con oración y confianza en Dios fue resistiendo contra viento y marea, hasta que por fin pudo salir del castillo familiar. Ciertamente, su resistencia aumentó más aun sus deseos de entrega:


El verdadero amor crece con las dificultades; el falso, se apaga Por experiencia sabemos que, cuando soportamos pruebas difíciles por alguien a quien queremos, no se derrumba el amor, sino que crece. Aguas torrenciales (esto es, abundantes tribulaciones) no pudieron apagar el amor (Cant 8, 7). Y así los santos, que soportan por Dios contrariedades, se afianzan en su amor con ello; es como un artista, que se encariña más con la obra que más sudores le cuesta (Sobre la caridad, 1. c., p. 212).


.Ahora la libertad exterior venía a completar la libertad interior que tuvo en todo momento: nada fue capaz de hacerle abandonar su ideal de vida. Y para colmo, su ejemplo movió a su hermana Marotta a hacerse monja benedictina. En todo momento tenía ese amor a los padres y la familia que es señal del amor a Dios:

Entre todos los hombres, hemos de hacer el bien a los que se hallan vinculados con nosotros, porque si uno no cuida de los suyos, particularmente de los de su casa, es un infiel (1Tm 5,8). Y entre los parientes, los mas allegados a nosotros son el padre y la madre (Sobre los mandamientos, 1. c., p. 249).
A los 20 años, Tomás nos da ejemplo de cómo una respuesta a la vocación que Dios nos hace descubrir es la manera más grande de ser libres. Nada puede quitarnos la felicidad que Dios ha preparado para nosotros si le somos fieles, y confiamos en él en todo momento. La gracia de Dios saca adelante nuestra respuesta a su llamada aunque tenga que pasar muros de piedra de 2 metros de espesor... La gracia, la Sabiduría de Dios, nos hace libres hasta ser capaces de dar toda nuestra vida a Dios, como Cristo dio la suya hasta la cruz. No podemos "conformarnos" con menos que con Dios:


Sólo Dios basta para colmar nuestros deseos: Más grande es Dios que nuestro corazón (1 Jn 3, 20). Por eso dice Agustín en el libro primero de las Confesiones: "Nos has hecho, Señor, para ti, y nuestro corazón está intranquilo basta que descanse en ti' (Sobre la caridad, 1. c., p. 206).


Amó con toda su mente


 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alna, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo (Lc 10,27)


En mayo de 1245 Tomás llega a la universidad europea más potente de su tiempo: la Universidad de París. Allí comienza lo que será una constante a lo largo de toda su vida: la unión entre su vida religiosa y su dedicación a la universidad. Esto, que hoy nos cuenta tanto, no sólo es posible, sino imprescindible para una vida universitaria que quiera ser completa. Tomás experimentó a lo largo de su vida que la fe le ayudaba a comprender mejor lo que estudiaba o investigaba, y que lo que iba descubriendo le ayudaba a vivir y disfrutar mejor su fe. Por ello, más que por su enorme talento, lo tenemos en la Iglesia como patrón (es decir, modelo y ayuda) de la vida universitaria


El trabajo de Tomás en la universidad fue extraordinario. Durante los cuatro años de noviciado en París se dedicó intensamente al estudio, al lado de uno de los grandes maestros medievales: el alemán San Alberto Magno. Con él marcha a Colonia, donde permanecerá hasta los 28 años. Allí destacaba, aparte de por su extraordinaria inteligencia y dedicación a la universidad, por su carácter silencioso, contemplativo y dado a la oración. Esta reserva de su carácter, unida a su corpulencia, hacía que le llamaran cariñosamente "el buey mudo". "Sí, pero sus mugidos resonaran en todo el mundo" decía su maestro, Alberto, encantado con los grandes progresos que hacía Tomás. En Colonia recibirá la ordenación sacerdotal.


De vuelta a París, trabaja ya como Maestro en Teología (más o menos, como un catedrático) durante tres años. Tras ello marcha a la Universidad Papal, en Italia donde enseña durante seis años, y después durante otros tres en Roma. En esta ciudad realiza también una gran labor como predicador (carisma propio de su orden), llevando hasta las multitudes su profundo amor a Jesucristo. Tenemos que compartir con los que queremos lo más grande que Dios nos ha dado:
Es propio del amigo hacer bien a los amigos, principalmente a aquellos que se encuentran más necesitados (Sobre la Ética a Nicómaco,9, 1,3)


Con 45 años, en 1269, vuelve a la universidad de París, donde enseña durante otros tres años. Su prestigio intelectual y espiritual crece sin parar, basta el punto de que el rey de Nápoles le llama a la universidad de su ciudad, donde Tomás empezó su vocación y su tarea universitaria. Allí es recibido por multitudes, que llenan el templo de los dominicos para escucharle predicar (especialmente sonada fue la predicación de la Cuaresma de 1273).


Toda la vida de Tomás como profesor universitario y predicador fue un constante apostolado de servicio a los demás, centrado en la búsqueda y el anuncio de la verdad, en el fondo de la verdad plena, que es Jesucristo. Su salud de hierro le permitió un ritmo de trabajo que dejaba perplejos a sus contemporáneos, y en el que había tiempo para la celebración de la Eucaristía, la oración, el apostolado, el estudio, la enseñanza... Tuvo experiencia de que su misión la sostenía el Señor, tal como escribe:


A los que Dios elige para una misión los prepara y dispone de suerte que resulten idóneos para desempeñar la misión para la que fueron elegidos (Suma Teológica.3, q. 27, a. 4 c).
Tomás gastó totalmente su vida en servicio del que le había llamado, hasta la extenuación de sus fuerzas. Tenía en mente que más aún que esta Vida vale la que nos espera:


La vida eterna consiste en primer lugar en la unión con Dios. Dios mismo es el premio y fin de todos nuestros trabajos. A la vez, esta unión consiste en visión perfecta: ¡Ahora vemos en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara (1Cor 13, 12). En ella todos los bienaventurados tendrán mas de lo que anhelan y esperan. Por último, la vida eterna consiste en la feliz compañía de todos los bienaventurados, compañía que será la mas agradable, porque serán de cada uno los bienes de todos (Sobre el Credo ,I,c.,)


Durante la misa que celebraba el 6 de diciembre de 1273, sufrió una profunda crisis, causada por el agotamiento de una vida entregada hasta el final. Pero en ese mismo momento, Dios le recompensa con una experiencia mística extraordinaria. Algo le conmocionó de tal manera que jamás volvió a escribir. Decía que todo lo que había escrito ¡es paja, en comparación con lo que Dios me ha revelado hoy!.


Si ya en esta vida intuimos la plenitud de Dios en su cercanía, ¿qué será cuando se nos manifieste tal cual es? (cf. 1Cor 2,9; 1Jn 3,2). Algo de esto percibió Tomás, y dedicó los últimos días, de su vida (pues moriría a los tres meses) exclusivamente a la oración. Falleció en la abadía cisterciense de Fossanova, camino del Concilio de Lyón. En sus últimos días dio ejemplo de admirable amor a la Eucaristía, paciencia, dulzura y humildad. Murió hablando de la Eucaristía y proclamando su amor a Cristo y a su Iglesia. Era el 7 de marzo de 1274. Tenía 50 años. Como dice el libro de la Sabiduría
Alcanzando en breve la perfección, llenó largos años. Su alma era del agrado del Señor, por eso se apresuró a sacarle de entre la maldad. Lo ve la gente, y no comprenden que la gracia y la misericordia son para sus elegidos y su visita para sus santos. (Sb 4,13-15)


La felicidad que siempre había buscado, comenzaba ahora su última etapa, la más plena, la que nunca termina:


Únete a Cristo, sí quieres vivir seguro; es imposible que te desvíes, porque El es el camino. Por esto, los que a El se unen no van descaminados, sino que van por el camino recto. Tampoco pueden verse engañados, ya que El es la Verdad y enseña la verdad completa. Tampoco pueden verse decepcionados, ya que él es la Vida y dador de vida, tal como dice: ¡ Yo he venido para que tengan vida, y que la tengan en abundancia! (Comentario a San Juan, 14).


Para trabajar en grupo


Después de leer la vida de Santo Tomás, y de fijamos con detenimiento en su proceso vocacional y en el proceso de su vida, podemos hablar en el grupo en torno a algunos temas de interés.


1 La felicidad
En último término, esta claro que la pregunta por la vida es la pregunta por la felicidad. El problema es cómo conseguirla, pero ¿cuál es la respuesta?
Tomas, que pudo llevar una vida a todo tren, pasó revista a toda las cosas que hoy nos ofrecen la felicidad. Ahí está el dinero, el recibir honores y puestos, el ser famosos, el poder, el placer, el dedicase sólo al bienestar... o incluso el conformarnos con lo que tenemos a la vista, sin aspirar a nada que no podamos ver y tocar. Sin embargo, en su vida vio cómo era Dios quien le hacía de verdad feliz.
¿Crees que Dios puede responder a todo tu deseo de felicidad?. ¿Te planteas esto cuando piensas en tu vida? ¿Piensas que la vocación es una llamada a la felicidad?


2 La libertad
A veces parece que Dios entra en mi vida de tal manera que ata mi libertad, que me impone cosas, que rompe mis planes... Sin embargo vemos que en la vida de Tomás fue el amor a Dios lo que le hizo ser verdaderamente libre. Esto nos puede llevar a preguntamos ¿por qué soy libre? O mejor ¿para qué soy libre?.
La respuesta de Tomas es clara: Dios nos ha creado libres para que podamos cambiar de vida y caminar hacia El. Para ser así felices.
Y tú, ¿piensas que la libertad más auténtica es la libertad que decide con Dios? Si dejas a Dios entrar en tu vida para que El te ayude, como un amigo, a conseguir lo que no puedes tú sólo, ¿violentas tu libertad o la llevas "hasta el infinito y más allá"?.


3 La dirección espiritual
Vale que deje entrar a Dios en mi vida. Lo que puede rayamos más es que entre Dios y yo se meta otra persona. ¿Qué sentido tiene que alguien me aconseje en lo que es algo tan personal? Tomás; encontró en fray Juan una persona que le pudo acompañar en algo tan importante como discernir la vocación. El mismo nos ha dicho que el Espíritu Santo se sirvió de fray Juan para hacerse oír en su vida. ¿Tú que piensas?


4 Las dificultades
Quizá ves con alguna claridad que Dios piensa para ti un camino determinado. Puede que El te haya ayudado a descubrir que es en él donde podrás ser feliz. Hablándolo con alguien lo has visto claro. Pero, te preguntas ¿seré capaz de hacerlo? ¿y qué voy a hacer si, por ejemplo, mi familia o mis amigos no me apoyan? ¿que va a pasar si en algún momento "se me va" la vocación? Mira lo que le pasó a Tomás. ¿Le pasó esto mismo a él? ¿Qué problemas tuvo para ser fiel a su vocación? ¿Cómo crees que pudo superarlos? ¿Harías tú lo mismo?
Hemos visto que Tomas se entregó a Dios con todas sus fuerzas. De manera particular con toda su mente, su inmenso trabajo académico y científico fue una buena parte de su respuesta a Dios. Y lo hizo en firme. Hasta "dejarse la piel" en ello. ¿Hasta qué punto piensas que la entrega en una vocación debe ser radical?


Autor: Antonio de la Torre