¿Es la vocación al sacerdocio un escape a  vivir lo cotidiano? ¿Cómo puedo saber yo si sirvo mejor a Dios  siguiendo la llamada que Él me hace?

Querido amigo,
 
No olvides nunca que la vocación es una respuesta en la fe. Cuando sigues a Cristo en el sacerdocio o en la vida consagrada, no te  has negado a vivir, ni amar; sino que has descubierto una medida superior de vivir y amar: Cristo. Es verdad, que no se da sin misterios, no se da  sin luchas, no se da sin dolor... Todo esto es humano y Dios no nos deshumaniza cuando nos llama; deshumanizados no le interesaríamos. 

Son impresionantes las palabras que Benedicto XVI dirigió a los sacerdotes en la catedral de Varsovia el 25 de mayo de 2006: "Creed en la fuerza de vuestro sacerdocio" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 2 de junio de 2006, p. 5). Obviamente, estas palabras, dirigidas a los sacerdotes, valen también para una promoción eficaz de las vocaciones sacerdotales. Para promover con empeño y convicción las vocaciones sacerdotales, para orar con perseverancia por las vocaciones sacerdotales, es preciso ante todo creer en la fuerza del sacerdocio ministerial. Se trata de un presupuesto necesario.

 Por lo tanto, el sacerdocio no es para los cobardes que tienen miedo de afrontar la vida. Es más bien para aquellos que, conociendo todas las cosas buenas que tiene la vida, deciden vivirla en plenitud. Es como el que encuentra el tesoro escondido en el campo y vende todo para poder tener ese tesoro y luego repartirlo a manos llenas.

Te encomiendo especialmente a María, para que ella te alcance la fe y la fortaleza que necesitas en tu camino.

Que Dios te bendiga.