En Al ritmo de los acontecimientos

Llevamos 33 días aislados en nuestras casas y nos acercamos a los 40 de Noé en el Arca, buscando una tierra nueva, y sobre todo hacer pie, después de tanto vaivén encima de la inseguridad y el desconcierto. La búsqueda de un tiempo mejor, o de una sociedad más justa, es uno de los anhelos de la humanidad desde el principio de los tiempos. Las revoluciones intentaban eso, pero al final, en casi todos los casos, fue peor el remedio que la enfermedad. Cuando los revolucionarios tomaron el poder rápidamente vivieron como aquellos contra los que habían luchado. Sin ir muy lejos, ahí tenemos a los líderes estudiantes del mayo francés que gritaban por las calles de París.

Todos hablamos de un tiempo nuevo, tiempo que no llegará nunca si en nuestra sociedad (también en los que nos representan) no hay consensos. Es necesario que todos rememos al unísono y en la misma dirección, mientras el líder del grupo, como Ulises, permanece atado en el mástil de nuestro barco, intentando huir de mentiras y señuelos, que no son más que cantos de sirena, que nos llevarán a la destrucción y al naufragio.

Leía, en estos días de aislamiento, a Fabrice Hadjadj, filósofo francés nacido en Nanterre en 1971, en un copioso volumen que se titula “Tenga usted éxito en su muerte” y en la página 170, permitidme que lo comparta hablando del tan necesario consenso, dice: “La vida es más rica que nuestras propias ambiciones. Querer dominarlo todo es perder la propia apertura a lo real. El paranoico no tiene ya ninguna disponibilidad para lo inesperado. Lo explica todo según su sistema. Todo lo remite a su proyecto. Su mundo es previsible, trasparente, racionalista, si no racional, nada se hurta a su explicación. Intentemos desengañarlo: formaremos parte del complot universal que intenta apartarlo de su gran misión. Por el contrario, el hombre verdaderamente libre, sin perder la vista de su camino, se deja desviar con facilidad del camino previsto. El hombre libre es más receptivo. No es el que remite todo a sus apetencias, sino el que presta más acogida a lo que es. No busca el dominio. Sin embargo, no aprecia el dejarse llevar. Le gusta más la disciplina, que es la virtud del discípulo. Como el rosal, no teme que le pode una mano experta”. Fin de la cita.

Una sociedad nueva, que es posible, nos hará cambiar a todos “el chip”, es decir, los propios circuitos integrados en nuestra vida diaria y en nuestro modo de pensar. Tendremos que pensar y actuar en plural y no tanto en singular. Todos deberemos ceder parte de nuestro pensamiento enquistado y dar lo mejor de nosotros mismos. Nos preocuparemos más por el “ser” que por el “tener”, más por el “vivir” que por el “disfrutar”, más por “dar” que por “recoger”, más por “servir” que por “servirme”. Este es un camino de felicidad, y no es un proyecto mío, precisamente.

El filósofo Hadjadj, nacido y educado en el seno de una familia leninista, de origen judío y atea, se convirtió al catolicismo en el año 1998. Como él se presenta a sí mismo: “soy un judío de apellido árabe y de confesión católica”. Así es como este filósofo y dramaturgo descubrió, con gran gozo, como manifiesta en el libro arriba citado, que hemos de elegir o entre una liquidación técnica o una vida ofrecida a los demás. Este es el camino.

¡Ánimo y adelante!

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