En Carta desde la fe

 

A veces, en nuestras conversaciones sobre la Navidad, da la sensación de que solo las personas y familias felices pueden celebrarla y hacer fiesta. ¿Quién no ha dicho o escuchado alguna vez: No tengo ganas de celebrar la Navidad, ha muerto mi padre, he perdido el trabajo, mi hija está desanimada…?

Sin embargo, Jesús nació en Belén y sigue naciendo cada día en nosotros para que todos, en especial quienes sufren o sufrimos, podamos experimentar la cercanía de Dios, la “nueva vida” que nos ofrece en su Hijo Jesucristo. No fue por un azar de la historia que María tuviera que parir a su hijo en un establo de las afueras de Belén, como tampoco fue por casualidad que Jesús muriera en una cruz fuera de Jerusalén. Además, durante los tres cortos años de su predicación por Palestina, Jesús mostró un afecto especial hacia quienes sobrevivían en “las afueras” de la sociedad excluyente de su tiempo: habló en público con las mujeres, tocó a los enfermos para curarlos, dedicó tiempo a los niños, brindó su amistad a las prostitutas, a los pecadores e incluso a los odiados recaudadores.

Por eso, si tú, que estás leyendo esta carta, estás sufriendo en estos días navideños, te digo: Dios nace especialmente para ti, quiere compartir tus dificultades y regalarte su amor; quiere sembrar esperanza en tu vida. Me permito recomendarte que te acerques a Él en el silencio de la oración; deja que María ponga al Niño en tus manos y, al tocar su pequeñez, abrirá los ojos de tu alma para que percibas, a través de tantas personas buenas que te rodean, el amor que Dios te tiene.

Y si te sientes feliz, acompañado, con suficientes recursos y sin grandes preocupaciones, me atrevo a decirte: no te encierres en tu propio bienestar. Contempla reposadamente el nacimiento del Niño Dios y verás que la Navidad te impulsa a acercarte a los pequeños, a dar esperanza a los que sufren y ternura a quienes encuentres en tu camino. Piensa en las personas de tu familia, de tu pueblo, de tu país o del mundo entero que necesitan tu solidaridad y acércate a ellas para compartir gratis lo que has recibido gratis.

Cáritas nos está recordando en estos días que «Solo el amor lo ilumina todo» y nos hace una invitación muy directa: «Sé Navidad, sé luz para los demás». Ante el desastre de las guerras, el drama de la migración que desarraiga y llena de incertidumbre la vida de tantas personas; ante la falta de empleo y de vivienda, los problemas de salud mental y la soledad, dejemos que el amor de Dios nos ayude a superar los miedos, prejuicios y desconfianzas, de modo que puedan emerger, desde nuestro verdadero ser, la solidaridad y la generosidad que nos habitan.

Acerquémonos a las afueras, donde nació y sigue naciendo el Niño Dios. ¡Feliz Navidad!

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