En Carta desde la fe

 

La reciente decisión del Tribunal Constitucional, que avala la Ley Orgánica 2/2010, cambia sustancialmente la legislación española, al considerar por primera vez el aborto como un derecho.

Esta resolución nos entristece profundamente porque, como dice la nota de la Conferencia Episcopal, «la historia nos enseña que cada vez que el ser humano se ha cuestionado la dignidad o el valor de ciertas vidas humanas…, se ha equivocado gravemente». Nos entristece, pero no puede desanimarnos. Es necesario renovar el compromiso de las personas, de cualquier credo e ideología, que procuramos defender la vida humana desde su concepción. Quisiera enumerar algunas sugerencias que puedan orientarnos en este empeño:

  1. Apoyar decididamente a las madres y a los padres que se sienten agobiados ante un embarazo imprevisto, a través de asociaciones que les ofrecen acompañamiento, asesoramiento y diversas ayudas materiales; además de exigir políticas que favorezcan la maternidad.
  2. Presentar nuestro compromiso como un “sí”, no solo a las criaturas que crecen en el vientre de sus madres; también es un “sí” a las propias madres, a las mujeres y a la sociedad en su conjunto. En efecto, cuando crece la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se desarrollan otras formas de acogida provechosas para la vida social (cf. CV 28, LS 120).
  3. Acompañar la vida de cada persona siempre, «en todas las fases de su existencia, desde su concepción hasta su muerte natural, aumentando los cuidados cuando la vida es más vulnerable» (Mensaje de los obispos para la Jornada por la Vida 2023). Quisiera subrayar las palabras “siempre” y “en todas las fases de la existencia”, para evitar incoherencias. Por ejemplo, no tiene sentido defender a ultranza la vida de los no nacidos y, a la vez, rechazar los derechos de las personas migrantes.
  4. Luchar contra el descarte de los más débiles, el individualismo exasperado y otras tendencias sociales que favorecen la extensión del aborto; y trabajar por una solidaridad abierta a todos, la cultura del cuidado y los valores que promueven la vida humana.
  5. Desenmascarar expresiones confusas, frecuentemente repetidas. Así, el aborto no es la interrupción del embarazo, sino la eliminación de un ser humano; y el feto no es parte del cuerpo de la madre, es una vida humana nueva, como afirma la ciencia.
  6. Ofrecer el perdón curativo de Dios a quienes sienten el peso de la culpa por haber practicado o procurado algún aborto. Como dijo el papa Francisco: «Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido» (Carta Apostólica Misericordia et misera, 12).

Con el deseo de sumar compromisos en favor de toda vida humana, recibid un saludo muy cordial en el Señor.

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