En Carta desde la fe

 

Aunque estamos en Teruel, no pienso ahora en Isabel de Segura y Diego de Marcilla, sino en otro enamoramiento, del que podemos ser protagonistas, aunque la peripecia de Diego e Isabel pueda servir de referencia. Lo cierto es que nuestras vidas cambian profundamente cuando nos enamoramos de verdad: nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos y deseos, hasta la mirada y el cuerpo se transforman cuando nos enamoramos, ya que el amor despierta y unifica nuestras fuerzas, tantas veces adormecidas y dispersas, para buscar el bien de la persona amada y la unión con ella.

La Semana Santa nos invita a enamorarnos de Jesucristo. Por no recurrir a otros testimonios, que pudieran parecer menos ecuánimes, quiero citar las palabras de dos historiadores ?Jacob Burckhardt y Timoty Garton Ash?, que no profesan la fe cristiana y, sin embargo, han dicho que Jesucristo es «la figura más bella de la historia del mundo» y «una fuente de inspiración constante y maravillosa».

La Semana Santa nos ofrece la oportunidad de enamorarnos de Jesús, al revivir sus gestos, palabras y silencios. En los acontecimientos que contemplaremos estos días, lo veremos haciendo frente a los poderes de este mundo, lavando los pies de sus amigos, como si fuera un esclavo, y partiéndoles el pan, como hace una madre con sus hijos; sudando sangre por la angustia ante lo que se le venía encima y, aun así, abrazando el camino del amor “hasta el extremo” que el Padre le marcaba; lo veremos lanzando una mirada agradecida a las mujeres, que le acompañan con sus lágrimas, y al Cirineo, que le ayudó a llevar la cruz; lo veremos muriendo, para mostrarnos que el amor de Dios es más fuerte que nuestro egoísmo y que la misma muerte; lo veremos, ya  resucitado, saliendo sin acritud al encuentro de sus amigos, que lo habían dejado solo, y encomendándoles de nuevo la tarea de continuar su misión.

Este Jesús está vivo, cuenta contigo y te llama, te abre las puertas de su corazón y de su familia, formada por una multitud de mujeres y hombres, niños, jóvenes y adultos, tan débiles como tú y como yo, que quieren vivir en fraternidad y construir, como Él y con Él, su Reino de justicia, libertad, verdad, amor y paz.

¡Enamórate en esta Semana Santa! Como dijo el P. Pedro Arrupe SJ: «Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera».

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

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