En Carta desde la fe

 

Los cristianos estamos llamados a vivir nuestro seguimiento de Jesús evitando dos peligros: la prepotencia, que presenta la fe como algo indeseable, y los complejos, que la hacen prácticamente invisible. Hemos de vivir la fe con humildad, pues hemos experimentado hasta qué punto somos pecadores, pero sin esconderla, porque la fe es un don que no hemos recibido sólo para nosotros mismosNtiene sentido recluir la fe en lo íntimo del corazón en el interior de nuestros temploshemos de anunciar y ofrecer ?nunca imponer? la vida nueva que Jesucristo nos regala.

No sería coherente guardarnos la alegría de sentirnos amados incondicionalmente por elPadre, en un mundo en el que tantas personas harían casi cualquier cosa por un pedacito de cariño. No sería coherente quedarnos con el tesoro del Evangelio en un mundo en el que muchos van dando tumbos, buscando ansiosamente un sentido para sus vidas. No sería coherente ocultar que amar es procurar el bien del otro y ser capaces de darnos, en cada gesto y cada encuentro, sin pretender nada a cambio, gratuitamente, como Jesús y con Jesús. No sería coherente esconder la gracia del Espíritu Santo, que potencia nuestras fuerzas, a veces tan mermadas, para alcanzar esos buenos propósitos que, en demasiadomomentos, se apolillan en el baúl de las buenas intenciones.

por todo ello, tampoco sería coherente disimular nuestra pertenencia a la Iglesia, aunque nos duelan en el alma los abusos y los escándalos que en ella también existen. A pesar de todos los errores y pecados de los hijos de la Iglesia, no conoceríamos el amor del Padre, el Evangelio del Hijo y los dones del Espíritu Santo sin la necesaria mediación de la Iglesia, que se hace presente y concreta para nosotros en esta Diócesis de Teruel y Albarracín, y en cada una de sus parroquias y comunidades.

En este día de la Iglesia diocesana, os invito, hermanas y hermanos, a agradecer a esa inmensa cadena de testigos que ha hecho posible que llegara a nuestra tierra la noticia de la vida y obra de Jesús de Nazaret; a reconocer y agradecer lo que la Iglesia viene aportando a cada uno de nosotros y al conjunto de nuestra sociedad; os animo a contribuir con vuestra oración, vuestro tiempo, vuestros talentos y vuestros recursos económicos, parque esta Iglesia siga siendo fuente del amor más puro y jalón que señala a Jesucristo, camino, verdad y vida.

Con mi sincera gratitud a todos los hombres y mujeres, adultos, jóvenes y niños, que sostenéis mi fe y mi esperanza en esta preciosa Diócesis de Teruel y Albarracín, recibid mi cordial saludo en el Señor.

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