En Carta desde la fe

 

En la cultura actual parece que no están de moda los héroes y los santos, que en otro tiempo se presentaban como dignos de ser imitados. Sin embargo, también esta época tiene sus “VIP” (personas muy importantes), que marcan tendencia con sus opiniones y sus comportamientos: periodistas, políticos, deportistas líderes religiosos, youtubers, etc. Algunos de ellos son buena gente y otros populistas; pero unos y otros han logrado conectar con las emociones del pueblo.

En esta Diócesis de Teruel y Albarracín, nuestros antepasados consideraron “VIP” a Santa Emerenciana. Esta mujer murió mártir en el siglo IV siendo muy jóven. Se jugó la vida por Jesucristo y por honrar a su hermana Inés, y es nuestra patrona. Llama la atención que la mayor parte de los patronos y patronas de nuestras parroquias sean mártires, y me pregunto si los cristianos de hoy podríamos fijar la atención y ponernos bajo el patrocinio de personas capaces de entregar su tiempo y su vida por la fe, la verdad, la justicia, la solidaridad, la libertad…

Tengo la impresión de que hoy predominan otras tendencias. ¿No os parece que se ha ido contagiando una alergia a darlo todo y a poner toda la carne en el asador por algo que merezca la pena de verdad? ¿No os parece que cada día nos cuesta más superar esa etapa adolescente, en la que, como el Narciso del mito, vivimos enamorados de nuestra propia imagen, pero remoloneamos demasiado para asumir la condición de adultos, de madres y padres pendientes de sus hijos, que se dejan la piel por ellos, olvidándose de sí mismos?

Es evidente que el cuidado de sí mismo no sólo es un valor, sino condición imprescindible para poder comprometernos generosa y eficazmente en el servicio al prójimo, a la sociedad y a la Iglesia, pero también hay que recordar que la tendencia al narcisismo, a pensar sobre todo en uno mismo, está muy presente en nuestra cultura y nos afecta.

¿A dónde nos conduce este camino? ¿Son más felices los que lo siguen o quienes, por el bien de los suyos y de la sociedad, son capaces de renunciar y entregarse? ¿Qué alegría es más duradera, la del que se da a fondo por los otros o la de quien solo se interesa por alcanzar sus objetivos personales?

Hagamos silencio en nuestro corazón y tratemos de descubrir los anhelos que tantas veces quedan escondidos bajo el manto del ruido y la superficialidad. Seguramente escucharemos una llamada a amar como queremos ser amados. Entremos en nuestro interior y encontraremos la fortaleza del Espíritu que nos impulsa a abandonar la senda de las medias tintas y, como nuestra patrona, nuestra “VIP” Santa Emerenciana, elijamos la del amor y la entrega sin reservas ni condiciones.

Recibid un saludo muy cordial, en el Señor.

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